miércoles, 28 de agosto de 2013

LA LUCHA DE CLASES Y SUS TEORICOS




LOS POLÍTICOS REVOLUCIONARIOS Y LA ESTRATEGIA REVOLUCIONARIA CONTEMPORÁNEA


               Marx-Engels: Revolución proletaria europea y americana. La posibilidad de introducir temas de numerosos autores, con diversidad de opiniones,...lo facilita este medio Internet,...pero claro, hay que entrar en él, y trabajar,...seleccionar,...y si se puede comentar los aspectos más interesantes,...como tarea o fin de ser algo útil  al conocimiento para la revolución que se plantea,...en este caso REVOLUCIÓN DE LA HUMANIDAD.

      Lenin, Rosa Luxemburgo,...y la revolución proletaria en Rusia. La revolución en Rusia, obrera-popular, aislada,...lo que se encontraron,...aislamiento y socialismo en un solo país ...algo contrario a lo planteado por Marx-Engels, Lenin. Larga lucha de organización, lucha política, lucha de clases, insurrección popular y obrera,...el partido bolchevique y los soviets toman el poder,...el proletariado como clase toma el poder con los campesinos,... Estos tres líderes proletarios, vivieron asuntos distintos; sacaron experiencias concretas,...Lenin fue elegido presidente-comisario general del pueblo soviético, y líder del partido bolchevique, de un país en que triunfó la revolución proletaria y popular,...donde se implantó la dictadura de esas clases sociales,...por medio de los soviets y el partido bolchevique. Esta tarea como histórica es fundamental,...una alianza de clases oprimidas teniendo el poder social, el poder del estado.

               En el periodo de la guerra interimperialista,...en algunas cuestiones entre Lenin y Rosa L. se dieron grandes diferencias; pero las he leído y no veo antagonismo,...no veo porque la Izquierda comunista se enfrentó a las posiciones de Lenin de forma tan antagónica combatiéndole como antimarxista,...hoy en día siguen siendo antileninistas y antibolcheviques. YO CREO QUE LOS REVOLUCIONARIOS SOVIÉTICOS  BOLCHEVIQUES TOMARON EL PODER COMO PUDIERON, HICIERON SU REVOLUCIÓN COMO PUDIERON,...Y NO SE CONSOLIDO EN EL TIEMPO POR FALTA DE REVOLUCIONES TRIUNFANTES EN PAÍSES EUROPEOS CON POSIBILIDADES,...Y NECESIDADES,...DE REALIZARLA. Esta manera de exponer es simplona,...pero muchas veces de tanto dar vueltas,...de actuar con los principios, de tanto ser puristas,...YA NO SE ENTRA EN LA LISTA DE LOS POSIBLES REVOLUCIONARIOS QUE PUEDEN O PODRÍAN HABER REALIZADO REVOLUCIÓN,...¡¡.

           Se introducen tantas cosas en este asunto,...porque seguimos hablando de lo pasado,...de cosas muy antiguas,...el capitalismo imperialista ha cambiado bastante. LO PRINCIPAL ES SABER DONDE Y COMO ESTAMOS,...Que hay de hoy y para mañana. Aún no sabemos donde estamos, qué debemos hacer,...peo sabemos mucho marxismo, estamos muy ilustrados,...somos severos recitadores,...¡¡.Nos peleamos radicalmente,...por tal cosa que dijo o hizo tal o cual dirigente posterior a Marx y Engels,...con estos no hay polémica,...hay polémica y antagonismo con los que realmente crearon poder proletario-popular; aunque eso hoy en día no exista,...o dejara de ser hace muchas décadas, según el caso más o menos tiempo,...A estos lo combatieron en su tiempo,...hoy en día los reaccionarios, los capiimperialistas,...también lo critican, no quieren que hayan seguidores en la actualidad. Publicamos y hablamos,...se dice que es lucha ideológica,...es tarea de proselitismo,...yo creo que también de cultura, proletaria, revolucionaria,...para y tarea en busca y lucha de la sociedad comunista. Se divulga estas ideas editadas en Internet,...?, en plan masivo,...la red es para listillos, normalmente,...hasta llegar a comprender la tarea de construir el Partido Comunista Mundial,...para realizar el Comunismo,...hace falta tiempo, debate,...en definitiva: muchos palos.



LA REVOLUCIÓN SOVIÉTICA,...editado en Internet:

La estructura económica

    Durante siglos, el particularismo feudal impidió cualquier apertura económica moderna en la Rusia de los zares, dejando a la burguesía un espacio económico que imposibilitaba su propio desarrollo como clase. La emancipación de los siervos, en 1861, liberó enormes masas humanas que posibilitaron el crecimiento económico y el desarrollo del capitalismo. De hecho, es a partir de 1861 cuando Rusia entra en la etapa capitalista y empieza a superar su atraso ancestral.

    Entre 1861 y 1914 se produce el mayor desarrollo económico en cientos de años, cambiando la radiografía del país. En 1861, sólo existían el 15% de las empresas industriales que funcionaban en 1905. Entre 1881 y 1900 se crearon el 61% de las mismas. En 1767, Rusia produjo 163.000 toneladas (ton.) de acero. Unos cien años más tarde, en 1886, esta producción sólo había llegado a 311.000 ton. En 1896, sólo diez años después, ascendió a 1,6 millones de ton. Y en 1904 alcanzó los 2,9 millones de ton. Entre 1905 y 1914, Rusia dobló su producción industrial. Sin embargo, este colosal desarrollo no rompió el retraso respecto a otros países. En vísperas de la guerra, en la cumbre de su prosperidad, la renta nacional de la Rusia zarista era de ocho a diez veces inferior a la de Estados Unidos y sólo tenía 0,4 km. de líneas férreas por cada 100 km²., frente a los 11,7 de Alemania o los 7 de Austria-Hungría. La clave de este atraso radica en el predominio del campo sobre la ciudad y el mantenimiento de relaciones casi feudales en el campo —a pesar de que en 1861 se procediera con gran retraso a la emancipación de los siervos—; en la debilidad de la burguesía nativa y del naciente capitalismo ruso y la dependencia exterior; y en el oscurantismo del régimen absolutista, que impedía el libre desenvolvimiento de la vida cultural y política.

El problema agrario

    Rusia tenía una economía eminentemente agraria. La agricultura emplea aproximadamente el 61% de la fuerza laboral del país. Sin embargo, la renta que producía estaba muy por debajo de la renta nacional rusa, que ya por sí era muy baja comparada con los países europeos. Esta desproporción respecto a la renta nacional se debía a la baja productividad del campo ruso. A esta baja productividad se une la desigual distribución de la tierra. En la Rusia europea —ya que no había datos fiables de Siberia y la parte asiática— el total de las tierras alcanzaba los 240 millones de deciatinas.

        A esto había que añadir que las tierras de los grandes propietarios eran las de mejor calidad, y por tanto, las más productivas. Mientras, la propiedad de una familia campesina no sólo no cubría sus necesidades mínimas, sino que además les representaba una durísima carga debido a los altos impuestos que tenían que pagar.
Así, es lógico que los campesinos perdieran el 36% de su propiedad desde la emancipación de 1861 hasta 1905 a manos de los terratenientes y los bancos. En este elocuente dato vemos el fracaso de la reforma tardía de 1861. La escasa productividad, fruto del retraso de la revolución industrial y del bajo nivel de desarrollo tecnológico, y la desigual distribución de la tierra, son la causa fundamental de la pobreza del campo ruso; es decir, de la pobreza y la miseria de la gran mayoría de la población.

La dependencia exterior

El carácter de las clases capitalistas se halla estrechamente unido a la historia del desarrollo de la industria y de la ciudad. En el censo de 1897, la población de las ciudades rusas era de 17,3 millones de personas, el 13% de la población total. Fuera de las ciudades se localizaba el 57% de las empresas y el 61% de la fuerza laboral. El peso cuantitativo de la ciudad y la industria era, como se ve, inferior al campo. Sin embargo, su peso cualitativo en la renta nacional era muy superior: de 6.000 a 7.000 millones de rublos por año.

     Esto era debido al gran desarrollo industrial que aconteció en Rusia en el último tercio del siglo pasado. No fue un desarrollo endógeno, sino exógeno, producto de las inversiones extranjeras. Aunque protegida por las fuertes protecciones aduaneras que estableció el régimen zarista, Rusia es objetivo de suntuosas inversiones por parte de los grandes capitales europeos debido a la masiva mano de obra barata y a la riqueza energética que poseía.

    El capital extranjero no sólo trajo el dinero necesario para el despegue tardío de la industria rusa sino también la tecnología y la organización del trabajo. Así, tenemos cómo en un país mayoritariamente agrícola y atrasado se ponen en marcha las industrias más modernas de aquel entonces. Este desarrollo desigual y combinado, propio de los países atrasados como Rusia, hizo posible un gran fortalecimiento de la clase obrera industrial. Mientras que las empresas de más de mil  trabajadores concentraban en Estados Unidos al 17,8 % del proletariado industrial, en la Rusia zarista aglutinaban al 41,4 %. En la zona de Petrogrado esta concentración era del 44,4 % y en la región de Moscú del 57,3 %.

Las clases sociales

      La nobleza estaba compuesta por 60.000 familias que no alcanzaban en conjunto el medio millón de seres; es decir, el 0,4 % de la población. La nobleza explotaba propiedades agrícolas, fundamentalmente. La alta nobleza terrateniente, unas 16.000 familias, menos del 0,1% de la población, era propietaria de más del 25 % de la tierra. Y de ellas, unas mil familias poseían el 12 % de la tierra.En lo alto de la pirámide social de la Rusia zarista se hallaba el zar y su familia. El zar era el principal terrateniente del país y el máximo jefe militar. El zar era también el principal representante de la nobleza.
 La reforma de 1861 no perjudicó ni dañó sus intereses, ya que los nobles se desembarazaron de una servidumbre muy ociosa e improductiva —la mayoría de los nobles empleaba ya trabajadores asalariados— recibiendo cada año de los campesinos 250 millones de rublos en concepto de pagos de rescate, lo que en gran parte originó la ruina y el empobrecimiento de millares de familias campesinas. Los nobles, además, controlaban los puestos claves de la estructura de mando del ejército —la inmensa mayoría de los oficiales del ejército eran de origen noble—, los cargos y puestos burocráticos de la administración local y central y hasta la jerarquía ortodoxa eran de origen noble. De hecho, el padre del fundador de la dinastía de los Romanov, Miguel III, era el patriarca de Moscú.

        La nobleza contaba así con tres importantes armas: el ejército, la Iglesia y la administración del estado. El primero encuadraba a un millón de hombres en tiempos de paz, multiplicándose por diez esta cifra en tiempos de guerra. El mantenimiento del ejército y la marina imperial consumía una parte considerable del presupuesto. La Iglesia y los municipios poseían en conjunto 8,8 millones de deciatinas, más que la familia imperial. Además, la iglesia controlaba el sistema educativo y ejercía una gran influencia en la población iletrada, que era mayoritaria. La posición política de los nobles era contraria a cualquier apertura que implicara la más mínima pérdida de sus privilegios. En palabras del Conde Saltikov, representante en la I Duma: "¡Ni una pulgada de nuestras tierras, ni un grano de arena de nuestros campos, ni una brizna de hierba de nuestros prados, ni una rama de nuestros bosques!".

      La burguesía capitalista rusa era muy débil y minoritaria, pero creció enormemente entre 1861 y 1914 debido al desarrollo económico. Sin embargo, estaba en una posición dependiente y subordinada al capital extranjero. Su poder económico e influencia política creció en ese período, aunque no lo suficiente para representar una amenaza seria para la autocracia zarista. Además, tanto la burguesía financiera como la industrial y comercial tenían vínculos importantes tanto con el capital extranjero como con la nobleza y el estado. Gran parte de las ganancias obtenidas por la burguesía en sus negocios bursátiles e industriales fue invertida en la compra de propiedades agrícolas a los nobles, con lo que junto a la nobleza terrateniente anclada en el feudalismo fue apareciendo una nueva capa de propietarios capitalistas.

     El partido que representaba los intereses del ala liberal de la burguesía era el Partido Constitucional-Demócrata. Este partido quería la liquidación del absolutismo y la promulgación de una Constitución liberal que implantara una monarquía parlamentaria. El principal líder de los cadetes era Miliukov.
Junto a los capitalistas se desarrolló una "clase media" urbana compuesta por los profesionales de la inteligencia (abogados, periodistas, médicos, ingenieros, catedráticos,...) que, en comparación con las clases humildes, gozaba de un decente nivel de vida. Sin embargo, un importante sector se dedicó a la instrucción de los campesinos mediante los zemstvos (consejos rurales, una especie de ayuntamientos con poderes muy limitados), tomando conciencia del problema campesino y uniéndose a las filas de los eseristas.

      El campesinado, la pequeña burguesía agraria, era la clase mayoritaria. No hay datos precisos, pero se habla de entre diez millones y doce millones de familias campesinas, casi dos tercios de la población. No era una clase homogénea. Había un pequeño sector de campesinos ricos que estaba vinculado económicamente a los grandes propietarios, ya fueran nobles o burgueses. Otro sector explotaba propiedades de tipo medio que normalmente tenían trabajadores a su cargo. Un amplísimo sector explotaba pequeñas parcelas de carácter familiar totalmente inviables desde un punto de vista económico. El partido más representativo de la clase campesina era el Partido Social-Revolucionario ("eseristas"). Los eseristas era un partido revolucionario campesino que quería la confiscación de las tierras y su entrega, previa indemnización, a los campesinos, el llamado "reparto negro", el reparto igualitario de la tierra.

      Los eseristas estaban divididos en dos tendencias: la derecha, mayoritaria, liderada por Kerenski, Chernov y Avxéntiev, eran"representantes de los campesinos ricos, de los intelectuales y de las capas políticamente atrasadas de la población de las zonas rurales" (Diez días que conmovieron al mundo. John Reed). La izquierda, liderada por Spiridónova, representaban a los campesinos pobres. Con la revolución, las dos fracciones constituyeron partidos separados. El ala izquierda pronto fue superior en número e influencia y se unieron a los bolcheviques en los primeros gobiernos revolucionarios. Según el censo de 1897, había 9,4 millones de asalariados. Contando a sus familias, el 27,6 % de la población. De ellos 2,1 millones eran improductivos (criados, porteros, ordenanzas, etc.). Los jornaleros del campo, los artesanos, los pescadores, etc, alcanzaban cuatro millones. Los 3,3 millones de trabajadores restantes (minas, bienes de equipo, ferrocarriles, construcción y comercio) constituían el corazón del proletariado y producían la mitad de la renta nacional rusa. La clase obrera rusa —en particular el último sector— estaba bastante concentrada en torno a las ciudades de Petrogrado y Moscú, lo que facilitó la extensión de las ideas marxistas. El principal partido obrero era el POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata Ruso), de ideología marxista. El término socialdemócrata en aquella época equivalía a socialista y revolucionario.

Los grupos étnicos

     Los 150 millones de habitantes de Rusia estaban divididos en cerca de 200 nacionalidades y grupos étnicos diferentes, con más de 150 idiomas distintos. La nacionalidad que domina el estado y el gobierno eran los llamados grandes rusos, con 55 millones de seres, que constituían una minoría. Las principales minorías oprimidas eran los ucranianos (22 millones), bielorrusos, los polacos, los eslavos bálticos, los musulmanes, los judíos, etc. La política zarista respecto a estas nacionalidades y pueblos fue la rusificación forzada, que en algunos casos consistía en imponer el idioma y la cultura rusa y en otros, la mera asimilación.

La estructura política

        En el campo existían los mir, las comunidades campesinas que entregaban las tierras municipales en usufructos anuales a los campesinos. También existían los zemstvos, una especie de consejos rurales con atribuciones administrativas muy reducidas.El régimen zarista era autocrático; es decir, absolutista. No había una Constitución. Las leyes eran cartas otorgadas por el zar. El poder del Zar era de origen divino. Este poder se apoyaba coercitivamente en la temida y eficiente policía política, la Ojrana, y, también, en el ejército. Y, espiritualmente, en la influencia conservadora que la Iglesia ortodoxa ejercía en el campo y en la enseñanza. La administración central y local estaba en manos del Gobierno y de la nobleza. Existían un Gobierno y un Consejo de Estado.

       Durante la revolución de 1905 surgieron los soviets o consejos obreros. Más tarde, los soviets también se crearían en el campo y en el ejército. Los soviets eran comités de representantes elegidos por una colectividad —los obreros de una fábrica, los soldados de un regimiento o los campesinos de una aldea— que se reunían y tomaban decisiones. Los soviets, además, se reunían en un Soviet central que elegía un Comité Ejecutivo. La organización soviética surge de abajo a arriba, englobando a decenas de millones de seres en su organización y constituyendo un desafiante y poderosísimo contrapoder. Tras la revolución de 1905 se crearon las dumas, una especie de parlamento con poderes muy limitados que era elegido por sufragio universal. El zar tenía derecho de veto y de hecho lo disolvía cuando le interesaba.

II.- 1905, el ensayo general

     Tras el atentado contra el primer ministro Sipiaguin, Pleve ocupó su cargo, respondiendo con una represión atroz que aunque no cortó la oleada revolucionaria si la contuvo durante algún tiempo. Pleve no sólo reprimió a campesinos y sindicalistas, sino también a periodistas liberales, extendiendo el descontento a la burguesía.Es un error considerar la guerra ruso-japonesa (1904-1905) como la causa de la revolución de 1905. La guerra sólo fue la chispa que hizo saltar el fuego, fue un acelerador de una revolución que estaba fraguándose en las mismas entrañas del régimen, producto del descontento y la miseria generalizada. De hecho, en los años anteriores, hubo continuos levantamientos campesinos, huelgas generales en las ciudades, actos de terrorismo, etc.

Tras un otoño lleno de movilizaciones, el 3 de enero de 1905 estalla la huelga en la fábrica Putilov. El 7 el número de huelguistas se eleva a 140.000. El 9, una multitud de obreros liderados por el cura Gapón marchó pacíficamente al Palacio del Zar para entregarle una súplica. El ejército salió al paso.

       La matanza del domingo sangriento fue el inicio de la revolución. La huelga se extendió a 122 ciudades y reinó en el país por espacio de unos dos meses. Tras el 9 de enero, la revolución no conoce descanso. En junio los marineros del acorazado Potemkim se sublevan. En septiembre comienza una nueva oleada de huelgas. En octubre los ferroviarios se unen a la huelga y paralizan el país. Los soviets se generalizan por todo el país. Esta vez el zar cede y coloca al conde Witte al frente del gobierno el cual promete la elección de una Duma. La huelga se difumina. En noviembre, alejada ya la amenaza revolucionaria, el régimen hace detener al Soviet de Petrogrado, que actúo como líder del movimiento revolucionario. La revolución de 1905 constituyó una fuente inagotable de lecciones para toda la sociedad rusa. El POSDR que actúo unido durante toda la revolución se unificaría en el Congreso de 1906, donde se establecerían tres concepciones diferentes de la revolución unidas a tres grandes dirigentes: Plejanov, Lenin y Trotsky.

De 1905 a la guerra mundial

En junio de 1906 se reúne la I Duma del Estado, con mayoría cadete, que solicita un verdadero régimen parlamentario. El nuevo primer ministro, Stolipin, intenta tras una reforma agraria crear una clase media campesina (kulaks), para impulsar la economía del país. Las reformas acaban con el sistema de los mir y producen una mayor concentración parcelaria que incrementa el proletariado agrícola, lo que aumenta la influencia de los partidos socialistas en la II Duma.

El desastre de la guerra

     Mientras, el movimiento iniciado en 1905, agotado en la capital, se extendía por todas las aldeas. Debido a las continuas huelgas y agitaciones sociales, se modifica el sistema electoral, eligiéndose la III Duma (1908) de orientación autocrática, llamada de "los señores, popes y lacayos". La corte del zar es dominada ahora por el llamado "enviado de Dios", el campesino siberiano Rasputín (Grigori Yefimovich Rasputín), que ejerce una nefasta influencia en la zarina.

       Al estallar la primera guerra mundial (1914), Rusia no estaba preparada para una contienda larga. El ejército zarista carecía de todo: armamento moderno, medios de transporte, eficaces cuadros de mando, tácticas adecuadas, una red logística...; menos de hombres. Rusia se vio implicada en una guerra imperialista en la que no podía jugar ningún papel decisivo, más que el de comparsa de sus aliados occidentales dueños de gran parte del país. Por ello, el soldado ruso no sabía por qué causa tenía que morir en el frente. Muy pronto, esta falta de motivación y las deficiencias del ejército hicieron que el frente se desplomara y los alemanes ocuparan las provincias de Polonia y Lituania. Los soldados carecían no sólo de armas, sino de botas. Los víveres escaseaban. En este contexto, la disciplina militar tendía a quebrarse. Los desertores se contaban por miles. Las unidades militares existían sobre el papel, pero en realidad no eran otra cosa que una gran masa humana mal alimentada, enferma, indisciplinada y peor dirigida.

     La guerra desorganizó la economía y las tiendas estaban vacías. Faltaban los alimentos indispensables. El pueblo tenía hambre. Las huelgas se generalizaron. A los gobernantes no se les ocurrió otra cosa que enviar a los huelguistas al frente como castigo. Esta medida lo único que consiguió fue poner en contacto a los obreros revolucionarios con la amplia masa de soldados que en su gran mayoría eran campesinos atrasados. Las ideas revolucionarias prendieron con rapidez. Se organizaron soviets y en el ejército sólo se hablaba ya de paz.

La revolución de febrero

       La izquierda, incluso los bolcheviques —mayoritarios en Viborg—, que había aconsejado no ir a la huelga y esperar, se vieron sorprendidos por la fortaleza del movimiento: 90.000 obreras tomaron las calles al grito de "pan, paz, libertad" y los cosacos, las tropas más leales al régimen, se negaron a disparar.Estando la mayoría de los hombres jóvenes en el frente eran las mujeres y los hombres más maduros los que se ocupaban de las tareas productivas. El porcentaje de mujeres empleadas en la industria era del 40 %. El día internacional de la mujer, 23 de febrero —8 de marzo, en el calendario gregoriano que se sigue en Occidente—, comenzó la revolución. Las mujeres de la barriada obrera de Viborg, en Petrogrado, decidieron ir a la huelga. Nadie las convocó. Lo decidieron en asamblea. Sus maridos, sus hijos, sus novios morían en el frente más de hambre y frío que por las balas alemanas. En la ciudad no había alimentos. Los niños pedían pan. Y cuando eso ocurre nada ni nadie puede parar a una madre.
El estado zarista no sólo no tenía tropas que reprimieran el movimiento, sino que además las tenía ya en contra. La escuadra del Báltico se sublevó y los marinos fusilaron a los oficiales. Hasta la Guardia personal del zar se sublevó. La huelga de las obreras se convirtió en huelga general y de ahí se pasó a la insurrección. Los partidos de izquierda, mencheviques, social revolucionarios y bolcheviques, sobre todo, se pusieron al frente del movimiento y junto a los regimientos sublevados se apoderaron de toda la ciudad y detuvieron al Gobierno. El zar, reunido con sus asesores, pensó en un cambio de gobierno para detener la revolución. Pero el reloj político del zar iba muy atrasado. La revolución contaba en horas y días. El zar en semanas y meses. Toda la burguesía, los generales de los frentes de guerra y gran parte de la nobleza le aconsejaron la abdicación en favor de su hijo o su hermano. Pero, cuando el zar se decidió a hacerlo fue bastante tarde. Para entonces las masas pedían la república.

El gobierno provisional

     De la Duma salió el gobierno provisional de la república compuesto mayoritariamente por cadetes y algunos representantes de los eseristas de derecha, como Kerenski. El primer ministro era el príncipe Lvov y Miliukov (cadete), se encargó de Asuntos Exteriores. El gobierno pasó de la nobleza a la burguesía liberal. Pero, el poder de este gobierno sólo existía sobre el papel. El verdadero poder estaba en los soviets. Los soviets habían puesto en libertad a los presos políticos, organizado los abastecimientos y la economía, disuelto la Ojrana, legalizado los sindicatos, organizado la defensa,... sin esperar ningún decreto. El Gobierno se limitaba a ratificar mediante disposiciones legales la política de las masas encuadradas en los soviets. Hasta fue obligado a hacer una declaración en la que se comprometía a iniciar una política activa de paz.

      Los bolcheviques, dirigidos entonces por Kámenev y Stalin, apoyan esta idea. En Pravda aparecen artículos que defienden la idea de "continuar la guerra frente a la agresión del imperialismo alemán". En la Conferencia del 1 de abril, los bolcheviques aprueban la propuesta de Stalin de "sostener al gobierno provisional" y acuerdan considerar la fusión que les proponen los mencheviques.
Pero, el pueblo no pensaba igual. Las declaraciones de Miliukov en el sentido de respetar los compromisos con los aliados y continuar la guerra hasta la victoria final, provocan manifestaciones y disturbios y originan una crisis de gobierno que se salda con la dimisión de Miliukov y la constitución de un gobierno de coalición entre cadetes, social revolucionarios y mencheviques, donde los eseristas y mencheviques tienen una amplia mayoría. Kerenski es elegido Ministro de Guerra.

Las Tesis de Abril

      Los líderes del interior sólo publicaron la primera de las cuatro cartas creyendo que el radicalismo de Lenin se debía a que estaba mal informado. Viendo que no le hacían caso, lo único que le quedaba era regresar rápidamente a Rusia. Como los aliados le negaban los visados, tuvo que llegar a Rusia por territorio alemán. Lenin y sus acompañantes viajarían en un tren "sellado" desterritorializado. Los alemanes —que estaban en guerra con los rusos— pensaban que Lenin se convertiría en un factor más de desorganización que facilitaría su victoria militar. La derecha rusa utilizaría esto contra Lenin y los bolcheviques, acusándoles de espías alemanes.Lenin, líder indiscutible de los bolcheviques, muy alarmado por lo queconsideraba una errónea política de los bolcheviques, escribió desde Zurich las llamadas "Cartas desde Lejos" en las que invitaba a la dirección bolchevique del interior a constituir una milicia obrera y preparar de inmediato la revolución proletaria. Lenin llega, por fin, el 3 de abril. El 7 publica un largo e histórico artículo —"Las tareas del proletariado en la presente revolución"— en el que tácitamente abraza la teoría de la revolución permanente. El artículo provoca un terremoto político. Pravda se ve obligada a publicar una nota en la que explica que "tales tesis no representan sino la opinión particular de Lenin". Lenin se dirige a los cuadros obreros del partido bolchevique y declara la guerra a la dirección. Poco a poco consigue adeptos. Zinoniev se le une, pero Kámenev se le opone.

       Se resuelve convocar una Conferencia Extraordinaria. El 24 de abril se reúne la conferencia con 149 delegados que representan a 79.000 militantes, de los que 15.000 son de la organización de Petrogrado, dirigida por Kámenev. éste, Ríkov y otros dirigentes defienden las posiciones que el mismo Lenin planteó en 1906. Pero éste responde que aquellas ideas son antiguas fórmulas que los viejos bolcheviques "han aprendido ineptamente en lugar de analizar la originalidad de la nueva y apasionante realidad" y termina con la célebre frase de Goethe: "Gris es la teoría, amigo mío, y verde el árbol de la vida". Lenin dirige ahora su mirada al grupo de Trotsky, con gran arraigo en Petrogrado. Nada más llegar a Rusia en mayo, Trotsky es invitado a entrar en la dirección del partido. Superadas las diferencias de antaño, se realiza un congreso de fusión de las dos organizaciones que representan a 170.000 militantes, de los que 40.000 son de Petrogrado. La dirección elegida es fiel reflejo de la relación de fuerzas: de los 21 miembros, 16 pertenecen al viejo partido. Lenin, Zinoniev y Trotsky son los más votados. Surge el Partido Comunista. El triunfo de las Tesis de Abril es, ahora, total. El camino de la insurrección está ya libre de obstáculos internos.

     La evolución política de Lenin está marcada por la guerra. En su libro "El imperialismo, fase superior del capitalismo" desarrolla el primer estudio serio desde el campo marxista sobre la evolución del capitalismo. Califica la guerra mundial como "guerra de rapiña". Ironiza contra aquellos socialistas que apoyan la guerra bajo el pretexto de que esa guerra acabaría con todas las guerras. Señala, por el contrario, que el capitalismo equivale a guerra. Mientras exista no podrá haber paz en el mundo.

De julio a octubre

    Presionado por los aliados, el Gobierno lleva a cabo una ofensiva militar que acaba en fracaso. Los cadetes aprovechan la crisis para dimitir y Kerenski asume la jefatura del gobierno, incluyendo en el nuevo gobierno sólo a eseristas y mencheviques. Al intentar trasladar los destacamentos de Petrogrado al frente, los soldados se sublevan y los obreros se les unen de inmediato. Toman las calles exigiendo la destitución del gobierno, todo el poder a los soviets, la nacionalización de la tierra y la industria, el control obrero, el fin de la guerra, etc.En mayo, Lenin señaló que el país "estaba mil veces más a la izquierda que los mencheviques y cien veces más que los bolcheviques". Efectivamente, el ambiente entre los soldados, obreros y campesinos era cada vez más a la izquierda. Sin embargo, el gobierno giró cada vez más a la derecha. Esta polarización social estallaría en julio. Los bolcheviques, que han hecho una masiva labor de propaganda contra el gobierno exigiendo el traspaso de todos los poderes a los soviets, consideran prematura la acción y se oponen a ella. Explican que el momento para una nueva insurrección no había llegado aún. Siguiendo la estrategia leninista, los bolcheviques veían necesario ganarse primero la mayoría en los soviets antes de iniciar una nueva insurrección.

      Pero, sus ideas hacía tiempo que habían calado en las principales ciudades y, sobre todo, en la capital, Petrogrado. Por lo que no sólo no son capaces de detener el movimiento sino que, por primera vez, son abucheados. Temiendo que las manifestaciones se descontrolen, deciden ponerse al frente de las mismas para dirigir el movimiento.
 Pero, el gobierno ve la oportunidad de deshacerse de una vez por todas de los bolcheviques. Culpa de los incidentes a los bolcheviques. Hace circular el bulo de que Lenin es un espía alemán, publicando varios documentos falsos que así lo atestiguan. Esta maniobra, junto a la utilización demagógica del tren sellado, hace que los regimientos neutrales se pasen al bando del gobierno. Los obreros —muchos de los cuáles eran mencheviques y eseristas— se sienten confundidos.

      En esta coyuntura favorable, se inicia el terror. Se prohíbe la prensa bolchevique, se detiene a Trotsky y Kámenev, se asaltan los locales... Pero, estas medidas no consiguen destruir al partido. Rápidamente ponen en marcha otro diario con distinto nombre. Lenin es puesto a salvo por el partido en Finlandia donde termina "El estado y la revolución". Los cuadros  más conocidos pasan a una semi-clandestinidad. La burguesía decide que ha llegado la hora de actuar. De común acuerdo con la nobleza zarista, los aliados y el Estado Mayor, se organiza un golpe de estado. El encargado de darlo es un general de plena confianza de Kerenski, Kornilov. éste se dirige con tropas cosacas leales a su mando contra Petrogrado, principal foco revolucionario. Kerenski destituye a Kornilov y los ministros cadetes dimiten. Los mencheviques también se van. Kerenski se ve solo y negocia una solución con Kornilov. Mientras tanto, en un Petrogrado abandonado por el Gobierno los soviets organizan la defensa. Los marinos del Báltico ponen en libertad a los bolcheviques detenidos, el partido sale a la luz pública y sus cuadros y militantes consiguen de nuevo una mayoría aplastante en la guarnición y en las fábricas. Trotsky vuelve a la presidencia del Soviet y forma el Comité Militar Revolucionario, un órgano del soviet que junta las tropas con la recién creada guardia roja, compuesta por grupos de obreros armados.

      Las tropas de Kornilov no son capaces ni de llegar a la capital. Los ferroviarios hacen detener y dispersar los trenes que transportan las tropas. El 3 de septiembre Kornilov desiste y se entrega al Gobierno. Los bolcheviques sacan provecho de esta victoria. El 13 de septiembre Lenin envía dos cartas al Comité Central (CC) del Partido Bolchevique en las que plantea que las condiciones para la toma del poder ya han madurado puesto que los bolcheviques tienen una mayoría cómoda en los soviets. Pero, la mayoría del CC, capitaneado por Zinoniev y Kámenev, se opone a la insurrección. Piensan que las condiciones siguen tan prematuras o más que en julio. Trotsky la apoya pero a condición de esperar al Congreso de los Soviets que se reúne a finales de octubre. Lenin sólo obtiene el apoyo del joven Smilgá, presidente del soviet de Finlandia. Desesperado, dimite de la dirección bolchevique y se entrega a una lucha sin cuartel para ganar al partido a su idea de insurrección. El 10 de octubre, Lenin, disfrazado y afeitado, llega a Petrogrado logra convencer por votos contra dos (Zinoniev Kámenev) la necesidad insurrección. Se inician los preparativos>

La revolución de octubre

        Las fuerzas con las que contaba el Comité Militar Revolucionario no eran numerosas: la guardia roja, los marinos y la flota del Báltico, la guarnición de la ciudad y los obreros. En total, unos 10.000 hombres.Los preparativos de la insurrección no se hacen en secreto. Todo el mundo sabía que se preparaba una insurrección. Incluso, Kamenev y Zinoniev lo denunciaron en la prensa. El Comité Militar Revolucionario, encargado de la defensa de la ciudad, organizó todos los detalles.
 Como el 25 de octubre se reunía el Congreso de los Soviets, la insurrección se fijó para la noche del 24. Esa noche se detuvo a toda la oficialidad que no reconociera la autoridad del Comité Militar Revolucionario, se ocuparon las imprentas, los puentes, los edificios oficiales, se establecieron controles en las principales avenidas, se tomó el control del teléfono y el telégrafo. Petrogrado estaba en manos de los soldados y obreros revolucionarios al mando del Soviet. Todo ocurrió en 13 horas. A las 10 de la mañana del 25 todo había terminado.

    Sólo quedaba en poder del Gobierno, su propia sede, el Palacio de Invierno, que estaba sitiada desde hacía días. Los junkers, cadetes militares, que defendían el recinto resistían tenazmente los bombardeos. Al final el Palacio se rindió en la madrugada del 26 de octubre, tras un asalto conjunto de marinos, soldados y obreros. El Gobierno provisional que se había reunido para organizar la resistencia en la capital fue detenido, pero Kerenski huyó. El 25 comenzó el II Congreso de los Soviets, con una amplia mayoría bolchevique. Este Congreso eligió un gobierno revolucionario compuesto mayoritariamente de bolcheviques y eseristas de izquierda y aprobó los primeros decretos del nuevo gobierno. Lenin fue elegido presidente. Se decretó la paz, cesando toda actividad ofensiva en todos los frentes y proponiendo una negociación inmediata del alto el fuego. Trotsky, elegido Ministro de Asuntos Exteriores, fue el encargado de la negociación con Alemania, firmándose el armisticio el 2 de diciembre y la paz de Brest-Litovsk el 3 de marzo de 1918. Se publicaron los tratados secretos. A nivel económico, se decretó la confiscación de los latifundios y la entrega de las tierras a los soviets campesinos, el control obrero de la industria y la nacionalización de la banca.
Se reconocieron los derechos de las nacionalidades, incluyendo el derecho a la autodeterminación y la libertad para separarse.

III.- El régimen bolchevique

      Tras la toma del poder por los bolcheviques, éstos se encuentran muy aislados y con numerosos problemas. Sus aliados, los eseristas de izquierdas, se niegan a seguir el ritmo revolucionario que imponen los bolcheviques. El primer enfrentamiento llegará con el problema de la Asamblea Constituyente. En este Parlamento, elegido por sufragio universal, los eseristas tienen mayoría con cerca del 45 % de los diputados. Los bolcheviques obtienen un cuarto de los diputados. El problema radica en que este parlamento no representa la realidad del Partido Social-revolucionario, ya que, los candidatos fueron designados por la dirección del partido antes de la escisión del ala izquierda que era mayoritaria en las bases y en el campo. Ante la negativa de la Asamblea Constituyente de aprobar la Declaración de Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado —aprobada por los soviets—, los bolcheviques la abandonan y a continuación un destacamento de guardias rojos entra en el hemiciclo y da por terminada las sesiones. Es el fin de la democracia parlamentaria en Rusia y la sanción definitiva de la fórmula soviética. En virtud de la paz firmada, Rusia perdía las repúblicas bálticas, Polonia, Ucrania y Bielorrusia. Los comunistas de izquierda junto a los eseristas de izquierda tienen mayoría en los soviets y de hecho pueden derrocar al Gobierno de Lenin y Trotsky y establecer un gobierno que continúe la guerra. Finalmente, Bujarin acepta el punto de vista mayoritario ante la campaña terrorista desatada por los eseristas para provocar a los alemanes.

El comunismo de guerra (1918-21)

     Poco tiempo después de la firma de la paz, comienza la guerra civil con el levantamiento de la Legión Checoslovaca: unos 50.000 hombres con mandos franceses. En poco tiempo llegan al Volga. Ante el éxito de la operación, los aliados deciden intervenir con el objetivo de ahogar la revolución y restaurar el régimen. En el norte desembarcan un destacamento anglo-francés con unos 40.000 hombres; en Vladivostok, 100.000 japoneses; en el Sur el general zarista Denikin organiza un ejército de voluntarios con material y suministros británicos, la guardia blanca; los franceses se apoderan de Odessa, Ucrania y Crimea; los ingleses se hacen con los pozos petrolíferos del Cáucaso y el Don. Entran en la batalla, tropas norteamericanas, polacas, alemanas y serbias. La situación es desesperada. Los bolcheviques organizan el ejército rojo al mando de Trotsky que resiste durante los treinta meses que dura la contienda. Finalmente, la oleada revolucionaria que agita Europa y los éxitos militares de los rojos hacen que se firme un nuevo armisticio. La industria produce 13 % de la producción de antes de la guerra. La producción de acero sólo supone el 2,4 %, la de hierro un 1,6 %. El 63 % de las vías férreas están inutilizadas. La superficie cultivada se ha reducido en un 20 %. Los kulaks prefieren sacrificar su ganado antes de que lo requisen. En este contexto, se produce la revuelta de Kronstadt, una base naval cercana a Petrogrado de gran tradición bolchevique. Asimismo, existen no menos de 50 focos de alzamiento campesino. El más importante, el del caudillo Majno, controlaba toda Ucrania. El partido decide cambiar su política.

La Nueva política económica (1921-28) 

La Nueva política económica representó un retroceso temporal motivado por las consecuencias de la guerra. Se trata de un período de transición donde se mezclan elementos socialistas y capitalistas en la economía. Se eliminó el requisamiento forzoso, se devolvieron gran parte de las tierras a los kulaks, creándose un mercado libre interior. Al mismo tiempo, el estado creaba las grandes granjas estatales, los sovjós, y las cooperativas de explotación agraria, los koljós. Se desnacionalizaron las empresas de menos de 20 trabajadores, autorizándose la jerarquía de salarios y las primas de producción en las empresas privadas. Se autorizó la presencia de técnicos extranjeros. Se fija un impuesto en "especie" y se autorizan, bajo control estatal, las inversiones extranjeras. El sistema estatal quedó dirigido por el Soviet Supremo de Economía.La Nueva política económica (NEP) trajo estabilidad y permitió recuperar los niveles de producción anteriores a la guerra.

La organización del estado

La Constitución de 1918, precedida por la Declaración de Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado, entró en vigor en 1921, tras la guerra civil. La Constitución consagraba el sistema soviético. El poder se encontraba en el Congreso de los Soviets, que elegía un Comité Central (Parlamento), a quién rendía cuentas un Consejo de Comisarios del Pueblo (Gobierno). Al constituirse la URSS se creó el Parlamento, que se hizo bicameral, con un Soviet de la Unión y otro de las Nacionalidades. La URSS se organizó como un sistema confederal, donde las repúblicas conservaban su derecho a la separación.

El triunfo de la burocracia estalinista

Debido a las draconianas condiciones de la guerra civil, el aislamiento de la revolución, el fracaso de la revolución europea, la muerte de numerosos cuadros bolcheviques, las dificultades económicas, etc. empezó a surgir una casta burocrática en el seno del partido, en la retaguardia y en el aparato del estado. En 1922, Lenin advirtió de este peligro. La burocracia emergente se adueñaba de los soviets, los sindicatos, las células y comités del partido y representaba de hecho un peligro contrarrevolucionario.

    A partir de 1923, con la enfermedad de Lenin, Stalin representó esta nueva capa social que dirigía una contrarrevolución política. El pronóstico elemental del leninismo había sido que en virtud del atraso de Rusia una revolución obrera victoriosa sólo podía sobrevivir con la ayuda de una revolución en Occidente, concretamente en Alemania. En caso contrario, la revolución soviética degeneraría o fracasaría. En 1924, con la asunción de la teoría antimarxista del "socialismo en un solo país", la burocracia rusa salió definitivamente a la superficie. La oposición leninista, liderada por Trotsky, no podía luchar contra tal cúmulo de fuerzas sociales y fue finalmente derrotada.

       El estalinismo se convirtió en una deformación grotesca del socialismo, una especie de esperpento soviético, que acabó con la democracia obrera e impuso una dictadura totalitaria. Sin embargo, la burocracia no se sintió tranquila hasta que no acabó con la dirección bolchevique que hizo la revolución.
Así, a lo largo de los años 30 se produjeron numerosas purgas que acabaron con el fusilamiento de cientos de miles de bolcheviques, entre ellos los principales dirigentes, excepción hecha del dictador Stalin. Trotsky fue asesinado por un agente estalinista en México, donde vivía exiliado.

La colectivización forzosa

En 1928, Stalin acabó manu militari con la NEP. Las tropas llegaban a las aldeas y "colectivizaban" las tierras. Unos diez millones de personas fueron recluidas en Siberia acusadas de kukaks. Ante tanta violencia innecesaria, los campesinos pobres, verdaderos beneficiados de esta nueva revolución agraria, se unieron a los kulaks y hubo que asaltar militarmente numerosas aldeas. El desastre es total. Hasta una década después el sistema colectivista no igualará la producción de 1927, al implantar la mecanización de las grandes granjas colectivas.

La planificación 

La colectivización agraria fue un desastre, no así la planificación de la industria. Eliminado el sector industrial privado, el primer plan quinquenal (1928-1932) se centró en la producción de bienes de equipo y fortalecer la industria pesada.
El resultado fue inmejorable: la producción eléctrica se quintuplicó, la de acero se dobló. El aumento de la producción industrial fue del 250 %, y esto en los años de la gran depresión en el mundo capitalista. El socialismo, a pesar de la caricatura burocrática, comenzaba a demostrar en el terreno de los hechos, las cifras y los números, su superioridad.

La Estabilización.

Para sobrevivir los Bolcheviques, con León Trotzky, tuvieron que hacer un ejército rojo poderoso con oficiales del Zar y soldados que eran paisanos y no forzosamente de sus mismos ideales. Pero lo lograron. Para mantener el poder en estas difíciles condiciones era importante que el Partido fuera altamente disciplinado. Lenin creía firmemente en la importancia de pertenecer a una gran nación y pensaba que si se dejaba el nacionalismo de lado, pensando que las nacionalidades que conformaban Rusia eran solamente una gran clase trabajadora, se podía armonizar las situaciones. En 1922 un tratado de formación de la URSS fue firmado por la Federación Rusa, Ukrania, la República Transcaucasiana y Bielorrusia.

    Después de la muerte de Lenin, hubo poco poder en la cumbre mientras Stalin, como secretario del partido, responsable de los nombramientos administrativos, iba poniendo gente fiel en puestos claves. En 1929 ya su poder era indiscutible. Inició la industrialización con las granjas colectivas donde de nuevo eran los paisanos que pagaban las costas, hizo la gran purga de 1937-38 donde millones de rusos fueron muertos o mandados a trabajos forzados y aumentó la vigilancia hacia los enemigos del partido. El principal dilema de Rusia era Alemania en relaciones exteriores. Podían ser amigables con Alemania esperando que se expandiera en otras partes como lo hizo el Zar, cuyo resultado fue que perdieron la primera guerra mundial a su lado o juntarse con los enemigos de Alemania con la esperanza de limitar su expansión como lo hicieron en la segunda guerra mundial que ganaron con los aliados. Los resultados de la primer guerra mundial ayudaron al desplazamiento del Zar.

      En junio de 1941 Hitler invadió Rusia que estaba desprevenida infligiéndole sangrientas bajas. Es que la paranoia de Stalin lo llevó a destruir las cúpulas del Ejército Rojo en 1937-38 y tardaron unos cuantos años en restablecerse. Más tarde, en 1941, por Pearl Harbor los EE.UU. entraron en guerra contra Alemania-Japón. A través de un sistema de alquiler-compra (leasing) los EE.UU. pudieron dar mucho material de ayuda a Rusia. La lucha en el frente ruso fue mas brutal y bárbara que en frentes occidentales. Cuando los alemanes no pudieron tomar Moscú en 1941, la guerra se empantanó hasta que los rusos ganaron la batalla de Stalingrado (ciudad del Volga donde Stalin había ganado una batalla en la guerra civil) en febrero de 1943, lo que marcó el comienzo del fin del III Reich. Siguieron las batallas sangrientas mientras los rusos avanzaban hacia Berlín donde pusieron su bandera en mayo 1945. Entonces declararon la guerra a Japón y tuvieron algunas fuertes batallas antes que cayeran las dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki que trajeron la rendición de Japón.
Stalin murió de repente en marzo de 1953.

La Destalinización.

La destalinización empezó apenas éste murió. Primero se anunció que no existió una conjura de sus médicos. En junio 1953 fue arrestado Beria, jefe de la KGB, el servicio secreto ruso, que era temido de todos. Beria fue ejecutado. El que usó con mas éxito la destanilización fue Nikita Khrushchev, nuevo secretario del partido. En 1956 denunció en un discurso las aberraciones de Stalin y liberó a millones de prisioneros de los campos de trabajos forzados. La oligarquía del partido que hizo dimitir a Krushchev puso en su lugar a Leonid Breznev. Este, que entró con toda suavidad, logró eliminar de sus puestos a sus opositores e iniciar un miniculto personal hacia mitades de los años 1970.

El comienzo de la distensión.

Los fines de Breznev eran obtener una regularización de las relaciones con occidente y obtener así los beneficios del comercio mundial pero sin relajar la sociedad comunista hasta un punto tal de perder el control social o económico. La Unión Soviética preocupó a occidente por sus movimientos en el tercer mundo pero el resultado que hoy vemos de ello es una marginalización del comunismo en las estructuras políticas y económicas globales. Después que Breznev murió, en 1982, tuvo dos sucesores que duraron un año cada uno y luego vino en primavera 1985 un hombre joven con un programa de grandes cambios.

La perestroika de Mijaíl Gorbachov.

La idea de la reestructuración de Gorbachov era mantener una doctrina comunista con una estructura económica similar al capitalismo. Ciertos partidos socialistas de Europa ya habían dado ejemplos al respecto. Con su Glasnoist (clarividencia) además buscaba hacer un país lógico de una retórico. La tarea necesitaba mucha valentía, porque se adentraba en situaciones políticas y económicas de menor estabilidad que él y Rusia supieron sobrellevar. Las reformas de Gorbachov fueron resistidas por el partido comunista que trató de tomar el poder (agosto 1991) pero no pudieron destituir a Boris Yeltsin y el gobierno federativo Ruso. El partido fue declarado fuera de la ley. En diciembre, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia declararon que una Unión de Estados Independientes reemplazarían la URSS. Gorbachov dimitió hacia fines de año. Ahí terminaron los 74 años de la URSS. Pero Rusia y sus aliados siguen en la confederación y Boris Yeltsin renunció como presidente en diciembre de 1999. Sin él las transformaciones hacia el capitalismo no hubiesen seguido en Rusia. Hacia fines de marzo 2000, Vladimir Putin, que había sido primer ministro de Yeltsin, fue elegido presidente con mayoría de votos contra el candidato del partido comunista. Putin, en una alocución prometió luchar contra la corrupción con la ayuda de sus ex camaradas de la antigua KGB.


Fuente: geocities.com,...y otras.

        He echo bastante bien, es correcto introducir el artículo anterior. Por decir algo, uno militaba hace unos 40 años y nadie explicaba, no tenía posibilidad de saber cosas y realidades contradictorias, dentro del partido bolchevique,...El mismo introduce un término: Oligarquía del partido, del estado soviético,...lo dice de forma tan natural,...Siempre le ha llamado burocracia, o burguesía burocrático, cuando se criticaba el carácter socialimperialista de la URSS,...cuando llegó a esa situación,...o cuando alguien analizó y calificó,...En este sentido había y hay, sigue existiendo gran ocultamiento, se sigue siendo ocultista,...por qué?,...oscuros intereses,...dentro de los grupos, partidos, colectivos sociales,...en el gobierno,...en la ONU,...

               

   Revoluciones fracasadas en países europeos: Alemania, Italia, España, Francia,...Obreros y ciertos sectores populares, unidos luchando contra los poderes capitalistas e imperialistas,...Alemania estaba en guerra interimperialista, con convulsión social, le hicieron revolución pero el proletariado no ganó.

   En Italia paso casi algo similar,...en España, la semana trágica de Barcelona,...Proletariado y sectores campesinos, semiproletarios,...en lucha contra el estado monárquico decadente.

[[ " La revolución italiana y las tareas de los trabajadores británicos

Detalles

Publicado el Martes, 20 Mayo 2003 15:36
Escrito por Ted Grant; ( Corriente marxista internacionalista, el militante, militante ingles,...)

La destitución de Mussolini marca una nueva época en el desarrollo de la revolución, y la decadencia y desintegración del imperialismo en el continente europeo. Para apreciar las tendencias que se están desarrollando en la península italiana, es necesario comprender las causas que llevaron a Italia a ser el primer país de Europa en emprender el camino de la barbarie fascista y, ahora, es el primer país en guerra que gira hacia la revolución. Italia siempre ha sido la más atrasada de las grandes potencias. El campesinado, igual que en Rusia, ha sufrido la carga impuesta por los grandes terratenientes: el empobrecido proletariado, incluso antes de la pasada guerra, construyó un poderoso movimiento socialista como un medio de llevar adelante la lucha contra la burguesía. La participación de Italia durante la pasada guerra fue, esencialmente, en calidad de potencia de segunda fila y aunque, nominalmente, en el bando de los vencedores, las conquistas de Italia durante la pasada guerra fueron insignificantes. La debilitada burguesía italiana se enfrentaba a la ruina de la economía italiana e intentó cargar el peso de la "reconstrucción", cuando ella era la responsable de la guerra, sobre los hombros de las masas italianas.

     En respuesta a esta ofensiva de la burguesía, las masas trabajadoras y campesinas italianas lanzaron una contraofensiva con un éxito brillante. Los años 1918-20 marcaron el período de "anarquía" del capitalismo italiano. La clase obrera, y después el campesinado, obligó a la clase dominante a hacer tremendas concesiones. En septiembre de 1920 los trabajadores habían tomado las fábricas y las industrias, y los campesinos habían ocupado la tierra. El poder real ya no estaba en manos de los capitalistas, que estaban paralizados por el miedo, sino en manos de la clase obrera. Sólo era necesario un partido bolchevique capaz de sacar las conclusiones necesarias para las masas y de guiar a los trabajadores hacia la conquista del poder. La dirección reformista de la clase obrera era incapaz de sacar las lecciones. Ciega e impotente, la dirección traicionó el movimiento y lo guió hacia los cauces del "constitucionalismo". De esta forma, prepararon el camino para la destrucción del movimiento de la clase obrera.

La burguesía, espantada ante el movimiento de los trabajadores, temporalmente dio algunas concesiones. Pero la crisis económica continuaba. La burguesía italiana, sin reservas, sin colonias ricas y con una base económica débil, no podía esperar competir en el mercado mundial con la burguesía más poderosa de la Entente. Consecuentemente, tuvo que recurrir a la intensificación de la explotación de las masas italianas bajo pena de colapso y extinción. Los intentos heroicos del proletariado de encontrar una salida por el camino de la revolución socialista, fueron bloqueados por el sabotaje de la dirección reformista. La burguesía buscaba una solución a la intolerable crisis para poder establecer "la ley y el orden". La crisis económica se intensificó aún más con el colapso de la posguerra. La clase media estaba completamente arruinada y desesperada. Sectores importantes de la clase media siguieron el camino de los trabajadores y apoyaron al Partido Socialista en la oleada revolucionaria de la posguerra. Se podía haber ganado al núcleo de la pequeña burguesía con una política audaz por parte del proletariado. Pero totalmente desesperada, la pequeña burguesía comenzó a buscar otra solución. Por esta razón, el movimiento fascista surgió como una expresión de la desesperación de la clase media. Los grandes industriales financiaron a Mussolini. El fascismo comenzó a organizar sus bandas de gamberros y asesinos, de pequeñoburgueses y lumpemproletarios, con el objetivo de aniquilar físicamente a los dirigentes y a las organizaciones del proletariado. Estas bandas de asesinos vagaban por Italia atacando las cooperativas, sindicatos de trabajadores, ayuntamientos socialistas, etc., bajo la protección de la policía burguesa.

Mussolini en el poder

En 1922 Mussolini llegó al poder gracias a los terratenientes, los industriales, la Iglesia y la monarquía, como el único medio de preservar sus intereses. Los primeros años de su gobierno se caracterizaron por el un intento precario de establecer su dominio. El asesinato de Matteotti provocó una oleada de indignación por toda Italia y la clase obrera sólo necesitaba una dirección revolucionaria para derrocar el régimen fascista. Aún así, los socialistas se agarraron a los métodos "legales". Mussolini sobrevivió a la crisis y procedió a destruir sistemáticamente las organizaciones de la clase obrera. La desilusión y la desmoralización de los trabajadores ante la traición de sus organizaciones la llevó a una situación de postración y apatía. El fascismo se atrincheró firmemente en el poder.

Pero una vez en el poder, el fascismo comienza a perder su base de clase media. El empobrecimiento y la ruina de la pequeña burguesía no se detiene, todo lo contrario, recibe un nuevo impulso con la victoria del fascismo. Las ilusiones contrarrevolucionarias de la pequeña burguesía pronto desaparecen debido a la cruda realidad de los estados totalitarios y, por lo tanto, comienza a decaer el apoyo al fascismo. El régimen fascista pierde completamente su base social y se convierte en una dictadura burocrática policiaco-militar. Esta era la situación de la dictadura de Mussolini. ¡Aún así, aguantó más de dos décadas! El secreto del largo período de dominio fascista reside no en la fortaleza del régimen, sino en los acontecimientos mundiales, por un lado, y en la apatía y el letargo de las masas italianas, que habían perdido toda perspectiva con la traición de sus organizaciones. La victoria de Hitler, la derrota de los trabajadores franceses y españoles, el nuevo declive y colapso del movimiento de la clase obrera, el fortalecimiento de la reacción en todo el mundo, sólo sirvieron para desmoralizar y hundir a la clase obrera italiana en la indiferencia sombría y en la ausencia de fe en el futuro. Pero la crisis que ensombreció el régimen, obligó a la burguesía italiana a intentar una expansión exterior para evitar ser derrocada. La aventura abisinia y la guerra que Mussolini llevó a cabo contra los trabajadores españoles, eran síntomas de la desesperación del fascismo italiano. Lejos de resolver algo, simplemente aumentó la miseria de los trabajadores y campesinos, e incrementó la presión sobre el régimen. Después de la caída de Francia, los capitalistas italianos se entusiasmaron con la oportunidad que ellos imaginaban se les presentaba para asegurarse un rico imperio.

Pero los cálculos de la burguesía quedaron completamente falsificados por los acontecimientos. ¡Nunca en la historia un ejército ha luchado con menos moral y creencia en su causa que el ejército de la Italia fascista! Las frases ingeniosas y mordaces de la clase dominante británica sobre la "cobardía" de los italianos tienen aquí su origen. El ejército italiano, como el de la Rusia zarista, está formado principalmente por campesinos. Explotados y oprimidos por los terratenientes, golpeados y tiranizados por las bandas fascistas, su idea del "enemigo" no era la de los ejércitos a los que se enfrentaban, sino los terratenientes de los pueblos que vivían bien a costa de golpearles a ellos, mientras sus mujeres e hijos pasaban hambre. Pensaban que los onerosos impuestos que pagaban iban a mantener a una burocracia y milicia fascista ignorante y perezosa. No tenían voluntad de luchar. ¡Mussolini no pudo ni siquiera derrotar a los griegos! En África el imperio desapareció, mientras que los soldados italianos se rendían por decenas de miles ante la más mínima apariencia de resistencia. Veinte años de fascismo habían corrompido el régimen de arriba abajo. No había elementos de vida en todo su aparato, ni en el ejército, ni en los medios de represión interna. Además, Italia, un país atrasado y semiindustrializado, no poseía una técnica moderna de guerra como sí tenía su gemelo fascista alemán, que tenía la fortuna de poseer una tecnología incomparable y la primera tasa de equipamiento industrial. Todos estos factores combinados hicieron inevitable la derrota italiana.

Las condiciones para la derrota del régimen fascista

Trotsky —con una infalible capacidad de previsión y una comprensión profunda de las masas y del proceso histórico—, al analizar el problema de la revolución en los países fascistas, demostró que era necesaria una sacudida profunda que despertara a las masas de su letargo y estupor, para que pudieran emprender el camino de la oposición y la lucha contra los regímenes totalitarios; esta sacudida podía venir de las derrotas militares o de la victoria de la revolución en una de las democracias. Las derrotas del régimen fueron una demostración contundente de su bancarrota; su corrupción y decadencia proporcionó los medios necesarios para que el proletariado italiano despertara. El proceso molecular de recuperación se ha estado desarrollando rápidamente detrás de la fachada externa de fuerza y estabilidad del régimen. La relación de fuerzas comenzó a cambiar dentro del país. Por primera vez había huelgas de masas en las ciudades contra el incremento insoportable del coste de la vida, los campesinos comenzaron a entrar en acción con toda una serie de revueltas menores contra los terratenientes y la insoportable carga impositiva de los funcionarios fascistas, los motines en el ejército eran una indicación ominosa del espíritu que existía entre las tropas. Muy pronto llegaron informes de la guerra contra Grecia que narraban cómo las unidades caían prisioneras cantando el Bandiera Rossa (Bandera Roja).

La burguesía y los terratenientes sentían que la tierra temblaba bajo sus pies. Como siempre, en la sociedad moderna, la proximidad de la revolución vino presagiada por la tensión existente dentro de todas las capas de la sociedad, tanto entre la clase dominante como entre los trabajadores, dentro de la pequeño burguesía y entre las filas de la burocracia fascista y el aparato del Estado. La presión desde abajo provoca fisuras e incertidumbre, desavenencias y diferencias dentro de las antiguas filas sólidas de la clase dominante. Comenzaron a buscar una salida al callejón sin salida, un forma de escapar de la marea ascendente de la revolución que amenaza con ahogarles. Lejos de considerar al "líder" como su salvador de las masas, empiezan a considerarle el causante de sus males y sus "errores" los que les han llevado a una situación imposible. El abuso de poder de su inmediata camarilla de colaboradores, esta siendo sustituida por conspiraciones y discusiones sobre un golpe de estado, una revolución palaciega, con la pretensión oportuna de quitarle de en medio y cortar de raíz cualquier movimiento desde abajo. Las relaciones existentes entre las clases se hacen insoportables y la situación ya no puede aguantar más. La clase dominante busca formas de salvarse a sí misma. No puede reconciliarse con ese destino, se siente bloqueada y si no logra impedirlo la revolución la aplastará.

Esto es lo que hizo la Rusia zarista antes de la revolución de febrero. Y así ocurrió en la Italia fascista ante la caída de Mussolini. Existe una analogía mejor, cuando Alfonso destituyó a Primo de Rivera, el dictador militar en España, en un intento de salvar a la monarquía. Mañana veremos el mismo proceso en la Alemania de Hitler. Pero todos estos movimientos de la clase dominante, lejos de evitar la revolución, dialécticamente, la precipitaran. El movimiento desde arriba produce un poderoso eco en el movimiento por abajo. Así fue como Mussolini fue echado a un lado por la clase dominante en Italia para impedir su derrocamiento. Como siempre en la historia, simplemente abrió el primer capítulo de la revolución. Cualquiera que sea el destino de la revolución italiana, su desarrollo ha dado un golpe mortal a los cobardes y renegados del movimiento obrero, antiguos "marxistas", como James Burnham en EEUU y C. A. Smith en Gran Bretaña, y toda la tribu de intelectuales pequeño burgueses y escépticos que han mirado al proletariado y la lucha por el socialismo con ironía y escepticismo. Esta chusma profesional y estrecha de mente, consideraba el barniz exterior del fascismo como la esencia interna, e incluso consideraba al fascismo como el desarrollo de una nueva forma de sociedad con una nueva clase dominante, ¡ni burguesa ni proletaria! Para ellos la actitud inerte del proletariado en Italia y Alemania, que bajaba pasivamente la cabeza frente a la tiranía fascista, era una prueba de la incapacidad del proletariado y una prueba de la nueva sociedad.

Incapaz de comprender la dialéctica del desarrollo de la sociedad, consideraban con ironía, condescendencia y desprecio, las luchas del proletariado. Como es el caso de C. A. Smith, para él sólo se trataba de un puente para justificar su deserción al campo de la burguesía. Pero no estuvieron solos. Los traidores del estalinismo y de la burocracia laborista, intentaron justificar su propia traición culpando a la pasividad de las masas, a la "incapacidad" del proletariado y la ausencia de madurez para la revolución socialista, que ellos posponían para décadas. Qué lamentable es el estalinismo, que disolvió la Comintern en víspera de la caída de Mussolini, qué lamentable la burocracia laborista, que echaron la responsabilidad del triunfo de Hitler sobre los hombros del proletariado alemán. En realidad, han sido las interminables derrotas de las dos décadas anteriores, provocadas por los mismos "dirigentes" y su política actual, las que han caído como una losa sobre el proletariado de todo el mundo y ha producido un ambiente de frustración y desesperación, desmoralización y desintegración, ausencia de fe en sí mismo y en su propio futuro. Es esto lo que en realidad ha llevado a la prolongación de la guerra y su continuación durante cuatro años de pesadilla, antes del primer movimiento del proletariado. Todas estas fuerzas y sentimientos eran simplemente el resultado de la reacción, que ellos mismos habían provocado.

La confianza en la clase obrera, clave de la revolución

De todas las tendencias del movimiento obrero, sólo los trotskistas mantuvieron la fe en la clase obrera y en sí mismos. Incluso en la profunda oscuridad de la reacción mantuvieron la bandera del socialismo y de la revolución internacional, y continuaron teniendo fe y confianza en el proletariado. Y esto no fue casualidad. Habían analizado y previsto las razones de las derrotas y comprendían las bases del giro hacia la reacción, cuyas causas no descansaban sobre el proletariado, sino en la dirección del proletariado, continuando con la certera confianza que proporciona la comprensión del marxismo. Todas las otras tendencias estaban ciegas. Habían provocado la derrota y eran incapaces de comprender la salida al callejón.

La crisis en Italia llegó con la invasión de Sicilia. La ausencia total de apoyo al régimen se rebeló en el hecho de que incluso en su "propio suelo", los soldados italianos no demostraron demasiado entusiasmo por luchar. Su resistencia no era tan enérgica y firme como en las orillas de África. A pesar de las exageraciones de la propaganda aliada, parece claro que los invasores extranjeros no despertaban demasiada hostilidad en Palermo y otras ciudades. ¡Seguramente un raro acontecimiento en la historia! Cualquier cosa no podía ser peor para Mussolini que la actitud de los habitantes de la isla. El régimen estaba tan podrido y era tan odiado por las masas que no lo consideraban mucho mejor que el conquistador extranjero. ¡A esta situación había reducido Mussolini a Italia! Un sentimiento de terror debe haber inundado el corazón de la clase dominante italiana.

El desenlace no tardaría en llegar. Ante el temor al movimiento de las masas y consciente de que para ellos la guerra estaba irremisiblemente perdida, la clase dominante buscaba salvar algo entre los escombros. Desde Alemania, ya muy presionada y con la certeza de una futura derrota, no podía esperar más ayuda que reducir Italia al estatus de Francia u otro satélite balcánico, incluso en el caso de una victoria problemática, y con la perspectiva de que los aliados "democráticos" impondrían incluso mayores penas y multas en ese caso. Mussolini ya no era útil para ellos. Temían la revolución en Italia. Temían la invasión de los Aliados. Temían a su "socio" más poderoso. Con un pánico frenético, atrapados en contradicciones insuperables, las viles clases dominantes de Italia desdeñosamente lanzaron a Mussolini al cubo de la basura de la historia. Pero la burguesía había perdido toda perspectiva. La monarquía y el Estado Mayor imaginaban que podrían dominar a Mussolini y seguir como antes, amablemente, ofreciendo la piel de Mussolini a las masas como un cabeza de turco por sus crímenes. Seguramente, la proclamación por parte de Badoglio de la ley marcial, figurará en la historia como el ejemplo perfecto de las ilusiones de un régimen condenado por la historia a la destrucción. La destitución de Mussolini fue seguida por la declaración de una rigurosa ley marcial. Pero el decreto simplemente se quedó en el papel. Badoglio no tenía los recursos para aplicarla, a pesar de las ilusiones del Estado Mayor.

La caída de Mussolini fue como una descarga eléctrica para los trabajadores italianos. Cuando llegaron las noticias por la radio, se unieron por un impulso común, cientos de miles tomaron las calles para manifestar su alivio y alegría. El proceso que Trotsky había anticipado que se desarrollaría en Italia y que marcaría la caída del fascismo ha comenzado. (Cuando las noticias llegaron, uno sólo podía pensar en las palabras del Viejo y maravillarse ante su instinto infalible que le permitió prever casi exactamente las etapas por las que pasaría la revolución).
Después de veinte años de fascismo, el proletariado, ahora curtido por el terror y la persecución, ha entrado en la arena política revitalizado y fresco, como un gigante que se despierta después de un largo letargo. En 24 horas, estallaron huelgas de masas en todas las ciudades industriales, Milán, Turín, Genova... El norte de Italia quedó paralizado en pocos días debido a la huelga de ferrocarriles. Los trabajadores asaltaron las cárceles y liberaron a los prisioneros políticos. Los cuarteles generales fascistas en las principales ciudades fueron saqueados y las imprentas fascistas ocupadas por los trabajadores en Milán y otras zonas. Todo aquel que llevara la insignia del fascismo en Italia el día después de la desaparición de Mussolini, corría el peligro de ser linchado. El fascismo había desaparecido de la noche a la mañana. El tardío decreto de disolución del partido fascista simplemente reconocía un hecho que los trabajadores y los propios soldados habían puesto ya en práctica. Simbólicamente, en Milán, que una vez se sintió orgullosa de llevar el nombre de "Milán roja", pronto fue inundada por los trabajadores indignados por el asesino de Matteotti. En otras zonas los empresarios fascistas más odiados también fueron despachados por los trabajadores. En Turín "dos fascistas millonarios" fueron ejecutados por los trabajadores. Las calles de Milán fueron rebautizadas en honor de Matteotti y otros dirigentes de la clase obrera asesinados por los fascistas. El intento de utilizar a los soldados contra las masivas manifestaciones en Milán, ha provocado que los soldados se pasen al lado de los trabajadores.

De la noche a la mañana, la clase obrera ha demostrado su vitalidad y fortaleza, como si el fascismo nunca hubiera existido. Se han formado comités obreros en las fábricas de las ciudades industriales. Incluso el estalinista Daily Worker ha tenido que hacerse eco de las noticias publicadas en la prensa burguesa: "La radio [suiza] informó que en Milán —el centro del norte industrial— se ha formado el Comité de Ciudadanos, formado por representantes de los trabajadores industriales, soldados y campesinos...La mayoría de las tropas de la guarnición de Milán han jurado lealtad al Comité. El periódico comunista prohibido, La Roscossa, y el periódico liberal, La Mundo, se publicaron el sábado, impresos en las antiguas imprentas fascistas. La radio ha informado de acontecimientos similares en Turín, Varese, Brescia y Vercelli.

En Brescia —según la emisora suiza— los trabajadores se han armado con el arsenal del ejército y han formado una Milicia Obrera que tomó el control de la autoridad policial —con escasa interferencia policial—."Qué son estos comités "ciudadanos" si no soviets, ¿acaso los cobardes y traidores estalinistas los temen en este momento? Esta es la prueba viva de que la revolución italiana ha comenzado. Cualquiera que sean las vicisitudes de la revolución italiana en el próximo período, ha quedado al descubierto la mentira de todos los corazones débiles y desertores, ha desenmascarado a todos los cobardes y escépticos. Que maravillosa resistencia, que tremenda capacidad de recuperación de la clase obrera, la única clase progresista de la sociedad moderna, como ha quedado demostrado. Las victorias de la reacción estaban construidas sobre bases de arena. Después de cada derrota, el proletariado se recupera de sus heridas y se levanta de nuevo incluso con mayor fuerza para aplastar al enemigo.

Hacia la revolución socialista

¡Todos estos acontecimientos se han producido en el corto espacio de tiempo de una semana! La primera etapa de la revolución se ha visto, sobre la marcha, en toda la Italia industrial. Por el momento, los campesinos están callados. Costará un tiempo, según la marcha de los acontecimientos en las ciudades, pero finalmente llegara a los pueblos. Una vez comience a comprender, el campesino se volverá implacable contra sus odiados enemigos. La caída del fascismo será interpretada por él, no sólo como la caída del oficial fascista, sino como el principio del fin del terrateniente a quienes representan los funcionarios. Los campesinos comenzarán, en zonas aisladas y esporádicamente, a tomar la tierra. ¡Contra los impuestos y el terrateniente! Este será el grito de los campesinos. Ahora están presentes todos los factores que están haciendo cristalizar la revolución socialista en Italia. La clase obrera está formando soviets y milicias obreras. Los soldados (mayoritariamente campesinos de uniforme) están pasándose al lado de los trabajadores. Los campesinos avanzarán. La clase media en la ciudades está girando también hacia los trabajadores. Todas las condiciones objetivas para la revolución socialista están presentes. Y la toma del poder por los trabajadores italianos instantáneamente provocará el derrocamiento de Hitler e inaugurará la revolución socialista por toda Europa. Sin embargo las condiciones subjetivas para la revolución todavía no existen. Instintiva y casi automáticamente, la clase obrera italiana ha dado los pasos correctos en el camino hacia el poder obrero. Pero los socialistas y estalinistas están ya preparándose para traicionar el movimiento llevándolo por los canales de la "democracia" burguesa.

Mientras tanto, los "Aliados" tienen los mismos sentimientos hacia los acontecimientos en Italia. El discurso de Churchill revela los temores y los presentimientos de la clase dominante frente a la revolución. Su referencia a la dificultad de conquistar un país milla a milla y la necesidad de evitar el dominio a través de campos de concentración y escuadrones de ejecución no tiene su origen en la ternura hacia los trabajadores italianos, sino en el temor a las consecuencias sociales que tendrían estas medidas. El viejo zorro de la clase dominante recuerda con pavor el fiasco de la intervención en la Revolución Rusa después de la última guerra. Desea, si es posible, evitar de nuevo la misma experiencia. La clase dominante se está preparando para negociar con la monarquía y las clases poseedoras de Italia. Esperan, con la ocupación militar, atajar la revolución en sus inicios antes de que tenga tiempo para desarrollarse. Pase lo que pase en el próximo período, incluso si los acontecimientos militares se mueven más rápidamente que los acontecimientos políticos en la península italiana, Europa y el mundo nunca serán igual. La caída de Mussolini es simplemente el ensayo de la caída de Hitler. Las noticias que llegan a través de Suiza dicen que su caída fue recibida con manifestaciones de los trabajadores italianos en Berlín, que quemaron fotografías de Mussolini y símbolos del fascismo. Lo importante fue la reacción de los trabajadores alemanes: en las fábricas donde trabajan con sus hermanos italianos se solidarizaron con ellos y se unieron a las manifestaciones, añadiendo a las llamas fotografías de Hitler y banderas nazis. La policía no les hizo frente. Esto es sólo un síntoma de la situación en Alemania que debe estallar en una revolución.

Pero no sólo es Alemania. Toda la sociedad europea ha desarrollado un potencial explosivo durante la guerra. Las contradicciones acumuladas durante más de dos décadas han alcanzado su límite extremo; sólo hacen falta uno o dos sacudidas más para que todas las contradicciones estallen en la revolución. Las noticias de la caída de Mussolini inmediatamente tuvieron repercusiones en toda Europa. Se convocaron huelgas en Portugal, Franco convocó una reunión urgente de su gobierno porque sentía como temblaba el suelo bajo sus pies. Boris de Bulgaria esperaba con temor el inicio de las revueltas. Los países balcánicos están maduros y podridos para la revolución. No se trata de este o ese país. Es todo el continente europeo que espera sólo alguna señal, para estallar en una revolución. Las fortunas dominantes de la guerra han provocado una situación fantástica, ya que con la derrota de Alemania, no habrá un solo país beligerante en Europa que, a todos los propósitos prácticos, no sea derrotado. En 1918 la clase dominante disfrutaba de un equilibrio precario, las potencias más pequeñas en los Balcanes luchaban una contra otra. Aunque delicado, el ejército italiano, y especialmente el atrezzo francés de la "ley y el orden", podrían contrarrestar a los países en los que había estallado la revolución. Hoy Giraud en el norte de África y los turcos están construyendo ejércitos de la contrarrevolución. Pero son muy débiles para basarse en ellos. Con el colapso de los ejércitos nazis, no habrá un solo ejército en Europa sobre el que se puedan basar los imperialistas para poder llevar adelante la contrarrevolución. Está fuera de toda duda que se pueda utilizar el Ejército Rojo para este propósito. En realidad, la revolución venidera en occidente sería el principio de la revolución política en Rusia. Para aplastar la revolución el ejército británico no sería un instrumento fiable, en el proceso podría resquebrajarse. Sólo el imperialismo estadounidense tiene una base bastante estable y un ejército atrasado en el que basarse. ¿Pero cuánto tiempo puede estar en medio de la atmósfera al rojo vivo que reina en Europa? El ejército estadounidense también se desintegraría y descompondría. Estamos en vísperas de una oleada revolucionaria en Europa que durará años y que afectará a todo el mundo.

Con estos antecedentes debemos ver la situación actual de Italia. Incluso en el peor de los casos —es decir, la derrota de la revolución y la ocupación militar—, es la primera insurrección en Europa. Una ocupación Aliada o alemana podría golpear temporalmente el movimiento. Pero invadir en una guerra e intervenir contra una revolución son dos cosas diferentes. Los socialdemócratas y los estalinistas intentarán conducir el movimiento hacia los canales seguros del Frente Popular en interés del imperialismo Aliado. La tragedia española es una advertencia de adonde puede llevar esta política a los trabajadores italianos. Las masas italianas se han puesto a la cabeza de la insurrección revolucionaria de toda Europa. El honor que cayó sobre el proletariado ruso en la pasada guerra ahora recae sobre ellas. Pero Rusia tenía un Partido Bolchevique y una dirección bolchevique. Esto fue la única garantía de victoria. La tarea de los trabajadores avanzados en Italia, de la Cuarta Internacional, será forjar tal partido al calor de los acontecimientos. Su tarea no será fácil. Pero los trabajadores y campesinos italianos aprenderán rápidamente en la atmósfera de la revolución. Se han forjado al calor de los acontecimientos. Decenas de miles de heroicos militantes que continuaban la lucha contra el fascismo a pesar de todo son realmente trotskistas, aunque la mayoría nunca haya oído ese nombre. Encontrarán su camino hacia el programa del socialismo internacional.

Con la brisa fresca de la revolución soplando a través del Mediterráneo, con renovado entusiasmo y resolución, los trabajadores avanzados de Gran Bretaña extenderán sus actividades. Nuestra tarea es complicada. Pero en la Liga Internacional de Trabajadores existe el núcleo del partido alrededor del cual deben reunirse los trabajadores revolucionarios. Gran Bretaña es una de las claves, si no es la clave, de la revolución en Europa. La tarea principal de los revolucionarios ahora consiste en unirse con los trabajadores italianos para luchar contra la intervención, y luchar a favor de la revolución en Italia. Leer la vil prensa estalinista y lo que dice sobre la situación italiana o la del Partido Laborista, no se puede hacer sin que despierte malestar a cualquier trabajador socialista. ¡Contra estos traidores! ¡Por la revolución en Italia! ¡No a la intervención del imperialismo británico! Este debe ser el grito de la clase obrera. "
Agosto 1943 " ]]. 

               
         Todo sirve,...hay que saber después elegir,...pero tomar informaciones diversas  valoraciones diversas,..que cosas, aún pequeñas pueden útiles,....eso es tarea materialista y dialéctica de los dirigentes reales y efectivos del proletariado y de la humanidad,...Igualmente cortaremos texto, opinaremos sobre algunos asuntos expuestos,...
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               Revolución popular en China,...Mao y otros revolucionarios. La lucha de los partidos comunistas maoistas, tienden a la individualización, al aislamiento,...aunque les aplaudan grupos en Occidente,...Son revoluciones en países dependientes,...subalternos, periféricos,...donde desarrollan políticas de poder de nueva democracia, de nuevo poder,...proletario-popular-campesinos. PERO ESTA POLÍTICA NO PUEDE SER UNIVERSAL,...YA QUE EN LOS PAÍSES IMPERIALISTAS, PROIMPERIALISTAS,...DIGAMOS DESARROLLADOS, la clase obrera es mayoría, está más integrada y reconciliada con el poder dominante plutocrático,...y la realidad de revolución sería directamente revolución socialista-proletaria,...del tirón. PERO LA REVOLUCIÓN PENDIENTE ES GLOBAL,...NI ES LOCAL, NI INCLUSO REGIONAL,...Esta teoría es nueva,...y por ahora difícil de aplicar,...por el dogmatismo,...y por el cierto patriotismo, sectarismo,...unilateralidad,...

            LA CRITICA AL MAOISMO CONTEMPORÁNEO  EN QUÉ SE BASA,...pero en qué se basa el maoismo,...: existen desde hace unas décadas partidos y grupos comunistas m-l, que se basan en sus actuaciones políticas por lo denominado el maoismo,...PARA MI ESTA TAREA, ESTA LÍNEA POLÍTICA ES REGRESIÓN, ES ANACRÓNICO,...PORQUE ES MÁS NACIONALISTA-PATRIÓTICA QUE INTERNACIONALISTA PROLETARIA. Esto por una parte,...por otra es que no parten del análisis del capitalismo imperialismo global, de como está organizado y como desarrolla e impone su poder de clase: global,...y lo ejerce la ONU-OTAN.
  

      La información que viene a continuación, plantea temas de descolonización y lucha antiimperialista, contra el estado español de principios del siglo XX. Comentaré algo, para relacionarlo con el maoismo patriótico, antiimperialista, con la independencia catalana,...

   Semana Trágica (España), por Wikipedia,...¡¡
Se conoce con el nombre de Semana Trágica a los acontecimientos desarrollados en Barcelona y otras ciudades de Cataluña, entre el 26 de julio y el 2 de agosto de 1909. El desencadenante de estos violentos acontecimientos fue el decreto del Primer Ministro Antonio Maura de enviar tropas de reserva a las posesiones españolas en Marruecos, en ese momento muy inestables, siendo la mayoría de estos reservistas padres de familia de las clases obreras.

El contexto histórico
España inicia el año 1909 con Alfonso XIII como monarca y con Antonio Maura, del Partido Conservador, al frente del gobierno desde el 25 de enero de 1907. Políticamente, España, que no se había recuperado del varapalo moral que supuso la pérdida, en 1898, de CubaPuerto RicoFilipinasMarianas y Carolinas, últimas colonias de ultramar, vive inmersa en un sistema político donde dos partidos, el Partido Conservador y el Partido Liberal, se turnan en el gobierno. La alternancia es organizada desde el poder mediante el reparto de escaños previo a las elecciones (conocido como encasillado), a través de una red de influencias denominada caciquismo que garantiza su cumplimiento y el pucherazo o adulteración de los resultados. En este sistema la monarquía ejerce un papel de arbitraje. El resto de los partidos políticos son marginados del poder y sólo consiguen representación en las zonas urbanas, donde el caciquismo es más débil y el control electoral por tanto es más difícil.
    En Cataluña, sin embargo, tras la Ley de Jurisdicciones de 1906, se forma bajo el nombre de Solidaritat Catalana una alianza electoral integrada por la Lliga Regionalista, el carlismo y ciertas agrupaciones republicanas que logran una victoria aplastante en las elecciones de 1907, obteniendo 41 de los 44 diputados posibles y desplazando a los partidos dinásticos del poder en Cataluña. Socialmente, los obreros españoles comienzan a tomar conciencia sindical y empieza a surgir el movimiento obrero en las zonas industriales y especialmente en Barcelona, donde surge Solidaridad Obrera, una confederación sindical de socialistasanarquistas y republicanos que nació como rechazo al acercamiento de Solidaridad Catalana al Partido Conservador de Maura.

El desencadenante
Véase también: Guerra de Melilla.
Tras la pérdida de Cuba y las Filipinas, España buscó una mayor presencia en el norte de África, logrando en el reparto colonial efectuado en 1904 y en la Conferencia Internacional de Algeciras de 1906, el control sobre la zona norte de Marruecos. El 9 de julio de 1.909 los obreros españoles que trabajaban en la construcción de un ferrocarril que uniría Melilla con las minas de Beni Bu Ifrur, propiedad de la Compañía del Norte Africano, de capital francés pero de nacionalidad española, y de la Compañía Española de Minas del Rif, una sociedad controlada por la familia del conde de Romanones y la CasaGüell emparentada con el marqués de Comillas, fueron atacados por los cabileños de la zona que se oponían a la penetración extranjera (cuatro obreros murieron). Este incidente, que constituirá el inicio de la Guerra de Melilla, será utilizado por el Gobierno de Maura para decretar el envío de las Brigadas Mixtas de Cataluña, Madrid y Campo de Gibraltar, además de otras unidades militares que complementarán a las Brigadas, con el objetivo de acabar con la rebelión rifeña y asegurar el control de la "zona de influencia" española en el norte de Marruecos. En la orden de movilización se incluyó a los reservistas de los cupos de 1903 a 1907, medida muy mal acogida por las clases populares debido a que la legislación de reclutamiento vigente permitía quedar exento de la incorporación a filas o consiguiendo que fuera otra persona en su lugar a cambio de dinero, o mediante el pago de un canon de 6.000 reales, cantidad que no estaba al alcance del pueblo (el sustento diario de un trabajador ascendía en la época aproximadamente a 10 reales). Además, la mayor parte de los reservistas eran padres de familia, en las que la única fuente de ingresos era el trabajo de éstos.
     A partir de la publicación del decreto de movilización el 10 de julio se sucedieron las protestas en contra de la guerra en forma de artículos en la prensa, de mítines y manifestaciones, que en muchas ocasiones fueron prohibidos por el gobierno, y en algunas localidades se vivieron momentos de tensión con motivo de la salida de las tropas (aunque en otras, como Cádiz o Málaga, se produjeron despedidas entusiásticas y "patrióticas"). En Madrid se produjeron incidentes en la estación de ferrocarril de Mediodía en la noche y la madrugada del 20 al 21 de julio cuando se procedió al embarque de la Brigada Mixta de Madrid al mando del general Pinto. También los hubo en las estaciones de tren de Zaragoza y de Tudela. El gobierno, ante la presión popular y de la prensa, acordó el 23 de julio conceder una pensión de 50 céntimos diarios a las esposas e hijos huérfanos de madre de los reservistas movilizados.
         El gobernador Evaristo Crespo Azorín entra en Barcelona el 6 de agosto de 1909, acompañado del general Santiago.
En Barcelona los embarques de tropas en el puerto comenzaron el día 11 de julio sin que se produjeran incidentes. Pero en la tarde del domingo 18 de julio cuando se procedía al embarque del batallón de Cazadores de Reus, integrado en la Brigada Mixta de Cataluña, la tensión estalló. Algunos soldados arrojaron al mar los escapularios y medallas que varias aristócratas barcelonesas les habían entregado antes de subir al vapor militar Cataluña, mientras hombres y mujeres gritaban desde los muelles:
¡Abajo la guerra! ¡Que vayan los ricos! ¡Todos o ninguno!
     La policía tuvo que hacer varios disparos al aire y detuvo a varias personas. Las protestas aumentaron en los días siguientes cuando llegaron noticias de que se habían producido gran número de bajas entre los soldados españoles enviados a Marruecos. El jueves 22 de julio los diputados de Solidaritat Catalana se hacían eco del "sentimiento popular" y exigían al gobierno la "reunión inmediata de las Cortes" para debatir la cuestión de la guerra y las "condiciones en que se practica el reclutamiento de las tropas expedicionarias". El gobernador civil de Barcelona, Ángel Ossorio y Gallardo, prohibió la reunión de Solidaritat Obrera que iba a celebrar el sábado 24 de julio para confirmar la propuesta de ir a una huelga general, por lo que fue un Comité de Huelga clandestino, integrado por Antoni Fabra i Ribas (un socialista que intentó sin éxito que la movilización barcelonesa se pospusiera para que coincidiera con la huelga general que el PSOE y la UGT iban a convocar en toda España, y que finalmente tendría lugar el 2 de agosto con poco seguimiento, debido a las medidas represivas adoptadas por el gobierno que incluyeron la detención en Madrid el 28 de julio dePablo Iglesias y el resto de la cúpula dirigente socialista), José Rodríguez Romero (sindicalista) y Miguel V. Moreno (anarquista), el que fijó un paro de 24 horas para el lunes 26 de julio, el cual degenerará en la Semana Trágica.
    Barcelona se convirtió en La ciutat cremada ("la ciudad quemada") durante la Semana Trágica.
En Barcelona la huelga se inició en los barrios periféricos, donde se encontraban la mayoría de las fábricas. Allí se quemaron las casetas donde se cobraban los odiados consumos. Después los obreros se trasladaron al centro de la ciudad donde se produjeron disturbios cuando intentaron detener por la fuerza los tranvías y obligaron a cerrar los comercios y los cafés. El Capitán General de Cataluña, Luis de Santiago, siguiendo las directrices del ministro de la Gobernación De la Cierva, proclamó el "estado de guerra", a lo que se opuso el gobernador civil, Ángel Ossorio y Gallardo, que dimitió de su cargo (su sustituto, Evaristo Crespo Azorín, no llegará a Barcelona hasta el 6 de agosto). De Santiago decidió esperar a recibir refuerzos desde Valencia y Zaragoza para empezar a actuar y se limitó a proteger los principales edificios públicos. Por la tarde se generalizaron los disturbios, en los que murieron dos personas, cuando los huelguistas intentaron detener completamente la circulación de los tranvías. Además dos comisarías de policía fueron asaltadas. Barcelona quedó paralizada, sin gas y sin luz, sin periódicos, e incomunicada con el exterior por ferrocarril, por telégrafo o por teléfono. Una manifestación encabezada por mujeres y niños fue disuelta a tiros en el Paseo de Colón, frente al edificio de la Capitanía General. A partir de entonces la revuelta se transformó en insurrección. Sin embargo, ningún dirigente republicano, nilerrouxista ni del Centre Nacionalista Republicà, quiso asumir la dirección de la misma. A medianoche ardió el primer edificio religioso, el Patronato Obrero de San José, en Pueblo Nuevo, regentado por los hermanos maristas.
     La huelga y la revuelta se extendieron a muchas localidades catalanas, especialmente de las provincias de Barcelona y Gerona. En SabadellMataró y Granollers tomó el carácter de una verdadera insurrección en la que se formaron juntas revolucionarias que proclamaron la República, se cortaron las líneas telegráficas y telefónicas y las vías de ferrocarril, se incendiaron edificios religiosos y se produjeron todo tipo de disturbios, siendo los de Sabadell los más graves (en el asalto al Ayuntamiento, algunas de cuyas dependencias fueron incendiadas, murieron ocho personas y veinte resultaron heridas, entre ciudadanos y fuerza pública).Hubo incidentes en otras muchas poblaciones, aunque sólo se produjeron incendios de edificios religiosos en BadalonaPremià de Mar (donde también se proclamó la República), Manresa, y San Adrián del Besós (en las comarcas de Barcelona), y PalamósCalonge y San Feliu de Guixols (en las de Gerona).

Martes, 27 de julio
      En Barcelona se levantaron cientos de barricadas y varias armerías fueron asaltadas para proveerse de pistolas y fusiles. La violencia se dirigió contra las iglesias y las propiedades eclesiásticas, especialmente los conventos, los colegios y los patronatos de las órdenes religiosas. En el espacio de pocas horas ardieron muchos edificios religiosos. En algunos casos los frailes y las monjas y los bienes fueron respetados, pero en la mayoría los incendiarios se lanzaron al saqueo y al pillaje y se quemaron muebles y enseres. El cura párroco de Pueblo Nuevo murió asfixiado en el sótano de su iglesia donde se había refugiado. También se profanaron los cementerios de algunos conventos. El punto culminante de la violencia anticlerical se produjo durante la “noche trágica” del martes al miércoles en la que ardieron veintitrés edificios en el centro de la ciudad y ocho conventos en la periferia, y muchos religiosos sufrieron insultos y escarnios, como una monja anciana que fue obligada a desnudarse para cerciorarse de que no ocultaba nada entre los hábitos. En los incendios y en los disturbios tuvieron una participación muy destacada obreros y jóvenes militantes y dirigentes de segunda fila del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux (que en esos momentos estaba exiliado), una de cuyas señas de identidad era el violento anticlericalismo.

    La inicial protesta antibelicista se había transformado en protesta anticlerical con el incendio de iglesiasconventos y escuelas religiosas. Este giro anticlerical de los amotinados tiene su causa en varios motivos muy arraigados en el proletariado urbano al ser la Iglesia Católica, a diferencia de los gobernantes o de los empresarios, la institución que estaba más en contacto con el pueblo, lo que daba lugar a fricciones continuas. Por ejemplo, la educación era impartida en escuelas controladas por la Iglesia y se inculcaba a los hijos de los obreros unos valores contrarios a la causa obrera; o los hospitales e instituciones de beneficencia estaban regentados por religiosos; o el impulso, por parte de la Iglesia, de los denominados sindicatos amarillos, opuestos al anarcosindicalismo, mayoritario en la ciudad. La llegada de noticias de Marruecos sobre el Desastre del Barranco del Lobo, donde perecieron de 200 a 300 reservistas, en su mayor parte del contingente que salió de Barcelona el día 18 de julio, avivó la insurrección.

Miércoles, 28 de julio
      Barcelona amanece con numerosas columnas de humo procedentes de los edificios religiosos asaltados e incendiados. A lo largo del día continúa la violencia anticlerical y los tiroteos entre los insurgentes y las fuerzas de orden público. Los incidentes más graves se producen en el barrio de San Andrés de Palomar donde los rebeldes armados con fusiles capturados a los guardias de las casetas de consumos y a miembros del Somatén levantan barricadas e incendian la iglesia parroquial. No obstante este día llegan los primeros refuerzos militares, provenientes de Zaragoza y de Valencia, a los que se les hizo creer que iban a reprimir un movimiento “separatista”.

Del Jueves, 29 de julio, al Domingo, 1 de agosto
    Empezando por la zona de las Ramblas y el puerto, unos 10.000 soldados fueron ocupando la ciudad de Barcelona, mientras la moral de los insurgentes iba cayendo a medida que eran conscientes de que la rebelión no estaba siendo secundada en el resto de España. Entre el viernes y el sábado la ciudad fue recuperando poco a poco la normalidad excepto en los barrios de San Andrés y de Horta, donde continuaron los tiroteos y donde se produjeron los últimos incendios y saqueos de conventos y de colegios religiosos. El domingo volvieron a publicarse los periódicos. El lunes 2 de agosto los obreros barceloneses, a los que la patronal les prometió que cobrarían el salario de la semana como si nada hubiera ocurrido, volvieron al trabajo. En otras localidades catalanas la completa normalidad no se recuperó hasta el jueves 5 de agosto.

La represión
      Manifestación durante la Semana Trágica, en la pancarta se puede leer: «Libertad, justicia» en alusión a los numerosos prisioneros. Protesta en París por la ejecución deFrancisco Ferrer Guardia (17 de octubre de 1909).
     El balance de los disturbios de la ciudad de Barcelona supone un total de 78 muertos (75 civiles y 3 militares); medio millar de heridos y 112 edificios incendiados (de estos, 80 eran edificios religiosos). El gobierno Maura, por medio de su ministro de la Gobernación Juan de la Cierva y Peñafiel, inicia de inmediato, el 31 de julio, una represión durísima y arbitraria. Se detiene a varios millares de personas, de las que 2000 fueron procesadas, resultando 175 penas de destierro, 59 cadenas perpetuas y 5 condenas a muerte. Además se clausuraron los sindicatos y se ordenó el cierre de las escuelas laicas. Los cinco reos de muerte fueron Josep Miquel Baró, un nacionalista republicano ejecutado el 17 de agosto de 1909 en el castillo de Montjuic, como los otros cuatro; Antonio Malet Pujol, un republicano lerrouxista, ejecutado el 13 de septiembre; Clemente García, el joven discapacitado mental que había bailado con el cadáver de una monja por las calles de Barcelona, ejecutado el 4 de octubre; Eugenio del Hoyo, un ex guardia civil y guardia de seguridad; y el más conocido de todos ellos Francisco Ferrer Guardia, pedagogo anarquista cofundador de la Escuela Moderna. La condena a muerte y el fusilamiento el 13 de octubre de Ferrer Guardia, a quien se culpó de ser el instigador de la revuelta siguiendo la acusación formulada en una carta remitida por los prelados de Barcelona, desencadenó una amplia repulsa hacia Maura enEspaña y en toda Europa, organizándose una gran campaña en la prensa extranjera, así como manifestaciones y asaltos a diversas embajadas[cita requerida]. El rey Alfonso XIII, alarmado por estas reacciones tanto en el exterior como en el interior de España, cesó a Maura y lo sustituyó por el liberal Segismundo Moret.

[[ "La Rusia soviética, la Internacional Comunista y la política exterior soviética en los años 20  (WWW. Revolución o Barbarie)
** Nota: De este artículo sobre la base de estudiarlo más,...empezaré a eliminar párrafos que no crea importante,...esto será más adelante,...se informará convenientemente,....y como digo al final del mismo,...entrare en el debate y confrontación de ideas, valoraciones,...lo haré de tal forma que no me tachen de manipulador o de otra cosa similar,...como tergiversador,...intentaré ser objetivo.
       
     La Revolución de Octubre es, junto con la Revolución francesa y la experiencia revolucionaria china, el acontecimiento histórico más importante de los últimos tres siglos. La Revolución bolchevique supuso un hito en la historia de la Humanidad, pues fue la primera ocasión en que el poder de las masas explotadas pudo implantarse, consolidarse y desarrollarse de forma vigorosa hasta que la línea revisionista [por qué no se dice claramente capitalista, que la clase capitalista dominante en el estado sovietico de la URSS, se dió otra forma de dominio más abierta y a las claras,..lukyrh.] terminó por imponerse en el primer Estado proletario de la historia, restaurando así el capitalismo bajo el control y la dirección de la burguesía burocrática.
                Si bien la Revolución proletaria que triunfó en Rusia contó con el precedente de la Comuna de París (la primera forma de Estado obrero que no pudo consolidarse por la debilidad cualitativa y cuantitativa del proletariado de la Francia de finales del siglo XIX,...¿ solo por eso,...?), las masas oprimidas del antiguo Imperio ruso, guiadas por su Partido revolucionario, tuvieron que ser los primeros en arreglárselas para poner en pie la titánica obra de constitución de un poder revolucionario jamás visto en la historia humana. Gracias a su nuevo y radical paradigma de organización social con base en la teoría revolucionaria del comunismo, la alianza obrero-campesina conformada en la Rusia soviética demostró al mundo que era posible derrocar a la clase capitalista y organizar una nueva sociedad fundada sobre el poder proletario, un poder que buscaba constituir por vez primera una sociedad sin clases a escala internacional.
                Durante casi 30 años, la Rusia soviética se vio obligada a la gesta de erigir el Estado obrero en la ciénaga del imperialismo beligerante y decadente ( esta frase no dice nada ). Durante mucho tiempo (hasta la constitución de las «democracias populares» y el triunfo de la Revolución china), una Unión Soviética cercada demostró con su ejemplo que era posible construir el socialismo a pesar del atraso histórico de la sociedad rusa y del asedio que el imperialismo impuso sobre la República soviética en el plano político, económico, militar e ideológico. ( Ejercía ya, o no, de socialimperialista la URSS, porque actuó como potencia de conquista, de nuevo tipo,..., ya no estaba construyendo socialismo, todo lo contrario, ya era una nueva burguesía explotadora, opresora del proletariado, del jornalero-campesino,...¡¡Uf,...los análisis materialistas y marxistas se olvidan por completo,...sacrificaron al proletariado,...de allí, de acá,...y de más allá,...).
                Para explicar el trasfondo y la infraestructura material gracias a los que el revisionismo consiguió fagocitar al Estado socialista hasta convertirlo a él (y al marxismo) en una vil caricatura, es imprescindible proseguir con -y profundizar en- los análisis históricos desde la vanguardia comunista de las experiencias más importantes y ejemplares del movimiento revolucionario internacional. En Revolución o Barbarie, blog en el que nos hemos marcado como objetivo prioritario la profundización en las tareas del balance crítico de nuestra historia, de la historia del movimiento comunista internacional, seguimos, modesta pero incansablemente, tratando de arrojar luz sobre todos y cada uno de los aspectos que puedan ayudarnos a estudiar y conocer -a la luz de las herramientas que la cosmovisión comunista nos aporta- las causas del fracaso del primer intento detomar «el cielo por asalto» (Marx a Kugelmann), de la primera gran hazaña de los oprimidos por articular el primer proyecto en la historia humana de sociedad socialista en transición hacia una civilización sin explotados ni explotadores, sin oprimidos ni opresores. ( Para abordar el materialismo histórico que encierra la URSS,...hay que tener conceptos revolucionados,...hay que saber bien el análisis concreto de la realidad concreta de hoy en día,...hay que estar puesto en el marxismo revolucionado, en el marxismo contemporáneo,...vuestros conocimientos librescos, recetarios,...no permite valorar la lucha de clases internacional,...dese el final de la primera guerra mundial,...otros y yo, en particular intentamos desarrollarlos,..aunque reconozco que lo intentáis y lo hacéis en algunas cuestiones,...pero la realidad es que tenéis un lastre bastante pesado,..salir del PCPE con todo el dogmatismo y posición iluminista que tienen, tenían y quizás tendrán,...es bastante difícil ...pero no imposible si se dan las circunstancias precisas y positivas,..., con solo buenas intenciones, no es suficiente,...).
                Para ello, en este trabajo analizaremos (basándonos fundamentalmente en la obra del historiador E. H. Carr, la  Historia de la Rusia Soviética -concretamente, el tercer volumen, La Rusia soviética y el mundo-, así como en artículos y libros de Marx, Engels, Lenin, Stalin y otros dirigentes bolcheviques que protagonizaron la primera etapa de la Rusia revolucionaria) la problemática de la cuestión internacional en el seno de la República soviética desde su constitución hasta mediados de los años 20. Estudiaremos las enormes dificultades de asedio imperialista que tuvo que soportar la Rusia soviética, y cómo a pesar de ello fue capaz de levantar y vigorizar la Internacional Comunista. ( Y qué pasa desde ese periodo hasta 1.956, y hasta 1.991,...cuando la URSS deja de existir como entidad estatal,...son muchos años sin analizar y desglozar aquí, en este artículo,...Por otra parte es curioso como también el GCI, de Bélgica -publicaron revolución y contrarrevolución,...-  analiza hasta mitad del 20,...y basado sus anotaciones en Bettlhein,...que escribió la lucha de clases en la URSS hasta esa fecha,...por qué no somos nosotros, los que nos llamamos revolucionarios los que analicemos, valoremos de forma independiente y contrastemos ideas con los teóricos Carr, el mencionado, Ted Grand,...que creo que murió hace unos años,...) Pero, teniendo en cuenta que el revisionismo no surge del cuerpo proletario como el virus que es inoculado por un agente infeccioso externo, sino que está latente en su interior de forma constante y pugna, también de forma sistemática y recurrente, por adherirse a la célula y matarla desde sus mismas entrañas, terminaremos el trabajo con unas palabras finales críticas sobre determinadas líneas y procesos que ya comenzaban a manifestarse en el interior del Estado proletario, sobre todo en la cuestión del internacionalismo y la construcción del socialismo en un solo país, y que, a la postre, terminarían por abonar el terreno para que los jruschovistas y demás elementos revisionistas pudieran defender y justificar aberraciones antimarxistas como la «coexistencia pacífica con el imperialismo» o el «Estado de todo el pueblo».
                Por último, hacemos dos aclaraciones estrictamente editoriales. En primer lugar, somos nosotros quienes hemos colocado determinadas frases o palabras en negrita en las diferentes citas, para así resaltar ideas que nos parecen capitales. En segundo lugar, ya que la práctica totalidad de las citas usadas en este documento están extraídas de fragmentos de la obra ya mencionada del historiador E. H. Carr, y teniendo en cuenta que este autor colocaba en sus pies de página las referencias bibliográficas en los idiomas originales de las obras citadas (o con transliteraciones al alfabeto latino, como en el caso del ruso), hay algunas obras que, por nuestro desconocimiento total -parcial en el caso del inglés- de idiomas como el ruso o el alemán, no están traducidas al castellano. ( Es curioso,..sería muy positivo que con datos oficiales, de aquí de allá ,sacaran ustedes vuestras propias valoraciones,...y con las mismas trabajar políticamente,...ese es el gran error de los comunistas,...casi nunca sacamos teoría propia,...siempre prestada, como adaptada,...y casi sin criterio,...)...por eso somos fetichistas, dogmáticos,... en definitiva esto,...nos lleva al sectarismo, a no entrarle a la clase obrera, al aislacionamiento,...

1. La Revolución de Octubre y el mundo capitalista: análisis histórico del Tratado de Brest-Litovsk

                «Las diferencias nacionales y los antagonismos entre los pueblos se desvanecen cada día más… La supremacía del proletariado hará que se borren aún más de prisa».
(Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto comunista)
                
     La gran Revolución socialista de Octubre constituyó el primer exponente de Estado de dictadura del proletariado en un mundo que, hasta la fecha, había seguido el ritmo que le marcaba el director de la orquesta. Ese director no era otro que el capitalismo en su fase imperialista; un capitalismo que ya había tenido la oportunidad de demostrar dos cosas: por un lado, su incapacidad congénita para resolver su antagonismo fundamental (el de la contradicción entre el carácter social de la producción y la apropiación privada de lo producido), que a cada minuto se mostraba más evidente y se manifestaba de forma más violenta e irracional; por otro lado, su necesidad inevitable de recurrir a la guerra imperialista como una continuación de proseguir con la dinámica capitalista de pugna por adquirir y controlar nuevos mercados exteriores, materias primas, zonas de exportación de capitales, etc. Este segundo aspecto quedó sobradamente corroborado por la Primera Guerra Mundial imperialista, una conflagración sangrienta que afectó de lleno a la Rusia prerrevolucionaria.
      La pionera experiencia revolucionaria que protagonizó el bloque de poder del proletariado y el campesinado pobre de la inmensa Rusia, tuvo que comenzar a construirsu particular gesta (en realidad, la de todos los explotados del mundo) con un brutal cerco imperialista, que pronto hizo ver a los comunistas de la Rusia soviética que, si la Revolución se retrasaba en Europa (fundamentalmente en Alemania), no podían esperar eternamente, frenando en seco la construcción del socialismo, mientras el proletariado más avanzado de los países occidentales acudía en su ayuda. El mismo Lenin, que desde 1917 hasta sus últimos meses de vida fue el más consciente de la necesidad de impulsar y apoyar el movimiento revolucionario de países como Alemania o Francia, al final terminó por convencerse de que el proletariado de la Rusia soviética no tenía más remedio que continuar su gigantesca obra de construcción revolucionaria del socialismo en un marco de aislamiento y hostilidad crecientes con el mundo capitalista. ( Hay que valorar hacia donde condujo este mal menor,...por esto y por control capitalista en el partido y en el nuevo estado creado,...y qué tipo de estado se creó,...fue o no un bodrio,...la base del poder capitalista es el estado,...éste se destrozó ...se destruyó realmente,...o solo se modificó a las circunstancias, a los nuevos tiempos,...qué paso con la fusión partido bolchevique  y otros con el aparato de estado zarista,...por qué los soviets dejaron de ejercer el poder realmente,...lo ejercieron hasta cuando,...hay que estudiar mejor el estado prusiano,..y si ese modelo estatal se aplicó en la nueva Rusia soviética,..sin poder soviético-proletario-jornalero-campesino en realidad,...Me río cuando los dirigentes del partido comunista de la URSS hablan de los errores de Stalin, otros de los errores de kruschet,...NINGUNO HABLAN DE LOS ERRORES DE LENIN,...¡¡ ) Los últimos escritos de Lenin relativos a las concesiones al «capitalismo de Estado» proletario y a losnepmen demostraban, precisamente, que Rusia no podía saltarse fases históricas en el desarrollo revolucionario hasta llegar a construir el socialismo, pues sin capitalismo previo suficientemente desarrollado, poco socialismo se podía construir.
                Fue Stalin quien, en octubre de 1917, deslindó de forma muy adecuada la posición correcta de la errónea en este asunto. Así, el georgiano sostuvo que «Hay dos direcciones: una marca el curso a seguir para la victoria de la Revolución y se apoya en Europa; la segunda no cree en la Revolución y no cuenta más que constituir una oposición» (Stalin, Obras completas, tomo 3º, p. 381). Este espíritu quedó reflejado a la perfección en el plano político con el decreto de la paz, aprobado por el segundo Congreso de Soviets de toda Rusia tan solo un día después de la victoria de la Revolución. Este manifiesto, que supuso el primer gran ejercicio de claro internacionalismo desde las posiciones victoriosas de un proletariado sabedor de su fuerza, conciencia y organización, declaraba la abolición del secreto diplomático, proponía una paz «justa, democrática» basada en el derecho de autodeterminación nacional y -lo que es más importante aún- exhortaba al proletariado de Alemania, Francia e Inglaterra a acudir en auxilio de sus hermanos de Rusia para «llevar a feliz término la conclusión de la obra de la paz, y también de la liberación de las masas trabajadoras y explotadas de la población de toda clase de esclavitud y explotación».
                Como se puede comprobar en este planteamiento, los bolcheviques, con Lenin a la cabeza, demostraron por vez primera su capacidad para maniobrar políticamente de tal forma que se aseguraran dos cosas: en primer lugar, la defensa irrenunciable de las conquistas de la Revolución de Octubre y del poder proletario; en segundo lugar, el principio igualmente imprescindible de apoyo a la Revolución proletaria internacional, elemento que el grueso de los comunistas de la Rusia soviética consideraba indispensable para que pudiera comenzar la construcción exitosa del socialismo en Rusia.
                En el aspecto táctico de la cuestión, es importante valorar hoy la forma en que, a pesar de las tremendas dificultades por el asedio imperialista, el Estado proletario fue capaz de maniobrar para aprovechar las contradicciones interimperialistas (algo que el nuevo poder obrero demostró con más profundidad a principios de los 20), buscando por encima de todo debilitar al enemigo y ganar tiempo hasta que el león revolucionario rugiera en toda Europa y en el mundo entero. Así, una de las maniobras más inteligentes del nuevo Estado revolucionario fue la de publicar los tratados secretos a través de los cuales las potencias imperialistas aliadas habían acordado el reparto del botín posbélico. Los tratados secretos, en palabras de Lenin, «revelaban las contradicciones existentes entre los intereses de los capitalistas y la voluntad del pueblo, de la forma más patente» (Obras completas, tomo 20º, p. 259). Gracias a la implantación de la «dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el campesinado», las democracias burguesas, los buitres imperialistas que despedazaban a los proletarios por conseguir la mayor cantidad posible de carroña, quedaron retratados y el sistema capitalista fue desenmascarado de cara a las grandes masas oprimidas como un gigantesco sistema de dominio, saqueo, explotación y opresión sobre la inmensa mayoría del planeta. En 1918, como demostración de esta nueva política revolucionaria e internacionalista, el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia emitió un comunicado en el que declaraba que «Para nosotros no hay más que un tratado que no está escrito, pero que es sagrado: el tratado de la solidaridad internacional del proletariado».
                Otra prueba del inquebrantable internacionalismo proletario que defendió el flamante Estado obrero fue la de la concesión de la ciudadanía soviética a todos aquellos prisioneros de guerra que se solidarizasen con la causa revolucionaria del proletariado de Rusia (la punta de lanza de la Revolución proletaria mundial). Rusia ya no era solamente el primer país que había visto nacer en su interior una victoriosa Revolución proletaria, sino que además se convertía en el Estado mayor de la clase obrera revolucionaria; un Estado mayor que, como consecuencia de su formidable atraso, requería el concurso y el apoyo del proletariado revolucionario de los países capitalistas más desarrollados.
                Como era previsible, el imperialismo se tapó los oídos y los ojos ante las exhortaciones lanzadas por la República soviética para llegar a una «paz democrática» y «justa», sin anexiones ni indemnizaciones. Obviamente, la burguesía internacional pensaba en ese momento que la Revolución bolchevique sería rápidamente derrotada, consumida por su propia debilidad y por el brutal estado en que se encontraba el vastísimo territorio ruso. Es este un momento determinante para la historia de la Rusia soviética y para el conjunto del movimiento comunista internacional, pues es este el periodo en que la vanguardia comunista de Rusia comienza a darse cuenta de que la política revolucionaria e internacionalista tiene que contar, de forma insoslayable, con ciertos requerimientos e intereses de las grandes potencias. Esto era lógico, ya que Rusia, a mediados de 1918, estaba devastada y cercada por todas las grandes potencias capitalistas. Por este motivo, los revolucionarios de Rusia no tenían más remedio que maniobrar con ambas manos: con la izquierda, defendían escrupulosamente el internacionalismo proletario; con la derecha, comenzaron a acercarse a los grandes Estados capitalistas para tratar de negociar en el plano diplomático, militar o económico.
                Además, hay un elemento muy destacado que no debe olvidarse, y es que el Estado soviético, que se había levantado gracias a la alianza mancomunada de la clase obrera y los sectores pobre y medio del campesinado, tenía que sacar al país de la guerra imperialista de forma urgente, ya que la masa campesina no apoyaría a un Gobierno que no trajera la paz al sufrido campesinado pobre, obligado a ser carne de cañón en las disputas interimperialistas. Por ello, era indispensable que el proletariado ruso pudiera tomarse un respiro, pudiera parar para descansar un momento y posteriormente coger carrerilla. Las inconmensurables dificultades objetivas a nivel internacional obligaron a los bolcheviques a implementar una doble política (a la que antes nos hemos referido previamente con la metáfora de la mano izquierda y la mano derecha): a) máxima presión posible para provocar la caída de los Estados burgueses en toda Europa y el mundo; b) maniobras de negociaciones, acuerdos y componendas inevitables con esos mismos Estados capitalistas.
                Este fue el sentido de la firma del Tratado de Brest-Litovsk. Formalmente, las negociaciones para la firma de este tratado comenzaron el 9-22 de diciembre de 1917. La delegación soviética para el armisticio con Alemania, que estaba nutrida por Joffe, Kaménev y Sokólnikov (además de un obrero, un campesino y varios expertos en asuntos militares), se enfrentó con la imponente delegación alemana, que estaba presidida por el general Hoffmann. Era la primera vez en la historia humana que un grupo de revolucionarios, en representación de millones de explotados de todo el mundo, se sentaba a negociar con una gran potencia capitalista. Lenin, que desde el principio defendió de manera enconada el acuerdo con la Alemania imperialista como única manera de garantizar el fin de la guerra, declaró abiertamente: «No confiamos lo más mínimo en los generales alemanes, pero sí en el pueblo alemán». El revolucionario ruso, en un ejemplo brillante de su capacidad para adaptar la letra viva del marxismo a la realidad concreta, pronto abandonó su anterior optimismo sobre la capacidad revolucionaria del proletariado alemán y, al comprobar que los soldados de Alemania se disponían a atacar a la Rusia soviética, expuso en su trabajo Tesis sobre la cuestión de la conclusión inmediata de una paz separada y anexionista:
                «El estado de los asuntos con respecto a la revolución socialista en Rusia, ha de constituir la base de toda definición de la misión internacional de nuestro poder soviético. En el cuarto año de guerra,la situación internacional es tal, que resulta completamente incalculable cuál sea el momento probable del estallido de la revolución y de la destrucción de cualquiera de los gobiernos imperialistas europeos. No hay duda de que está destinada a producirse la revolución socialista en Europa, y que se producirá. Todas nuestras esperanzas en la victoria final del socialismo se fundan en esta convicción y en esta predicción científica. Tenemos que reforzar y afirmar nuestra actividad propagandística en general y, en particular, la organización de la fraternización, pero sería una equivocación montar la táctica del gobierno socialista en intentos de determinar si tendrá lugar o no el próximo año (o en cualquier espacio de tiempo corto) la revolución socialista, y en particular la alemana».
                En el mismo trabajo, Lenin argumentaría lo siguiente:
                «El ejemplo de una república soviética socialista en Rusia se erigirá como modelo viviente para las gentes de todos los países, y el efecto propagandístico revolucionario de ese modelo será inmenso. De un lado estarán el régimen y una guerra descarada de anexión, entre los dos grupos de usurpadores; de otro, la paz y la república socialista de soviets».
                Nuevamente, el máximo representante del Estado soviético volvía a colocar el nuevo poder de los proletarios rusos como paradigma y sostén de la Revolución socialista mundial. Además, la Rusia soviética aparecía ante los ojos de todos los oprimidos del mundo como el único Estado realmente interesado en acabar con la máquina de guerra capitalista y en denunciar a toda costa la hipocresía de las democracias burguesas con respecto a la paz. Trotsky, sin embargo, mantuvo una posición errónea e izquierdista que le llevó a sostener que firmar la paz con Alemania era algo innecesario y equivocado. Aunque es verdad que no defendía la posición ultraizquierdista de «guerra revolucionaria» en una situación en la que no era factible (como defendieron Bujarin y Dzerzhinski), Trotsky entendía de manera errónea que los bolcheviques podían distraer a los Hoffmann y Cía. a la espera de esa Revolución. Por ello, contradiciendo a Lenin, Trotsky abogó por no firmar ningún tratado de paz que supusiese aceptar lo que él entendía como condiciones absolutamente inaceptables.
                Stalin, por su parte, demostró mucha más lucidez y sentido de las posibilidades políticas reales, como lo muestra el hecho de que apoyó abierta y decididamente a Lenin el día de la votación sobre el tratado en el comité central del Partido. Sin embargo, salvo Stalin y el apoyo dubitativo de Zinóviev fundamentalmente, el resto del comité central no se decidía a apoyar la propuesta de Lenin, por lo que este amenazó con dimitir del gobierno y del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia si proseguía «la política de pura fraseología revolucionaria». Con la madurez política que le caracterizaba, Lenin rechazó también el último ofrecimiento conciliador de Stalin, quien propuso postergar la firma. El revolucionario ruso expresó claramente la idea de que, si la Rusia soviética no aceptaba en ese momento las condiciones del imperialismo alemán, ya que la Revolución proletaria aún no estaba madura, el poder soviético sería aniquilado por la máquina de guerra de la burguesía alemana.
                Finalmente, el Tratado de Brest-Litovsk fue firmado el 3 de marzo de 1918. Era el primer episodio en el que se certificaba el aislamiento imperialista de la Rusia soviética y la excepcional capacidad de maniobra de la República proletaria. Rusia tuvo que aceptar la renuncia de derechos territoriales, además del pago muy elevado en concepto de mantenimiento de sus prisioneros de guerra. Tras esto, el 16 de marzo de 1918, el cuarto Congreso de Soviets de toda Rusia ratificó el tratado. La posición más inteligente y correcta a la luz de los hechos salió vencedora. Sin embargo, este mismo hecho demostraba ya en ese momento las tremendas dificultades que iban a tener que enfrentar los dirigentes soviéticos como consecuencia del reflujo de la Revolución en los años 20. Comenzaba una época en la que, mientras el proletariado y los campesinos pobres rusos se preparaban para reconstruir el país y sentar las bases del socialismo en una economía semifeudal y de capitalismo muy atrasado, el Estado soviético se veía obligado a buscar acuerdos con las potencias imperialistas para poder sobrevivir.
                Tras la ratificación del Tratado por el séptimo Congreso del Partido, Lenin aseveró:
                «Un país de pequeños agricultores, desorganizado por la guerra, reducido por su causa a una miseria inaudita, se encuentra en una situación excepcionalmente difícil:no tenemos ejército y tenemos que continuar viviendo frente a frente con unos bandidos armados hasta los dientes. Por culpa del ejército tenemos que pactar con el imperialismo» (Obras completas, tomo 22º, pp. 318-19, 325).
                Posteriormente, en un memorándum confidencial escrito en mayo de 1918, Lenin definió la política de «retiradas y maniobras» de la siguiente manera:
                «La política exterior del poder soviético no debe cambiarse bajo ningún concepto. Nuestra preparación militar no está todavía a punto y, por lo tanto, nuestra máxima general es la misma de antes: afianzarnos, retirarnos y esperar mientras continuamos la preparación con todas nuestras fuerzas».
                El Tratado de Brest-Litovsk supuso la formalización de la política leninista de acuerdos inevitables con el mundo capitalista. Como le dijo Lenin al británico Lockhart (esta intervención se puede consultar en el libro Memoirs of a British Agent, de Lockhart):
                «Nuestros métodos… no son los vuestros. Podemos permitirnos un compromiso temporal con el capital; es una necesidad porque, si el capital se uniese, seríamos aplastados en la presente etapa de nuestro desarrollo. Afortunadamente para nosotros, la naturaleza del capital es tal que no cabe la unión entre sus componentes. Por consiguiente, mientras exista el peligro alemán, estoy dispuesto a arriesgarme a cooperar con los aliados, cooperación que puede ser temporalmente ventajosa para todos. En caso de agresión germánica estoy incluso dispuesto a aceptar ayuda militar, pero al mismo tiempo estoy completamente convencido de que vuestro gobierno no verá nunca las cosas bajo esta luz. Es un gobierno reaccionario y cooperará con los reaccionarios rusos».
                La crítica que dirigentes como Bujarin, Shliápinikov, Piatakov o Kolontai -destacados representantes de la tendencia izquierdista del Partido bolchevique- le hacían a Lenin tenía que ver, básicamente, con que entendían que el comunista ruso, adoptando una posición «derechista», se había plegado en exceso a los intereses del imperialismo alemán. Sin embargo, tras la verborrea izquierdista, ninguno de los dirigentes críticos con las posiciones de Lenin fueron capaces de defender una postura aplicable en el terreno de la práctica política real. Por otro lado, es incierto que Lenin plegara a la Rusia soviética a los intereses del imperialismo alemán, pues lo único que propuso el revolucionario fue maniobrar de forma flexible y realista, tratando de ganar tiempo para coger aire y poder recomenzar la tarea de la Revolución proletaria internacional. También estaba muy lejos Lenin de defender, como arguyeron algunos de sus críticos izquierdistas, una postura «nacionalista» o «excesivamente» nacional, puesto que lo que él pretendía era disponer de ese tiempo de respiro para poder derrocar a la burguesía cuando las condiciones objetivas y subjetivas lo permitieran. Así, el revolucionario ruso lo dejó claro al expresar que «tendremos las manos libres y podremos emprender una guerra revolucionaria contra el imperialismo internacional» (Protokoli Tsentralnogo Komiteta RSDRP [1929], pp. 231, 241). Además, Lenin expresó:
                «Sosteniendo el poder soviético, prestamos el apoyo mejor y más poderoso al proletariado de todos los países en su penosa lucha, de una dificultad sin precedentes, contra su propia burguesía. No hay ni puede haber golpe mayor contra la causa del socialismo que el hundimiento del poder soviético en Rusia». (Protokoli Tsentralnogo Komiteta RSDRP [1929], pp. 231, 241).
                Como podemos leer, Lenin estableció una clara relación dialéctica entre la causa de la Revolución proletaria internacional y la defensa del Estado soviético frente al imperialismo beligerante. Ahora bien, aunque Lenin siempre dejó claro que el mayor peligro para el socialismo internacional era la caída de la República soviética, en todo momento subordinó con rotundidad el proyecto de construcción del socialismo en la Rusia soviética con la política internacional revolucionaria de la clase obrera. ¿Defensanacional de la Rusia soviética frente a los invasores imperialistas? Sí, pero con un matizfundamental:
                «Somos «defensistas»; desde el 25 de octubre de 1917 hemos conquistado el derecho a defender la patriaNo estamos defendiendo tratados secretos porque los hemos roto en pedazos; los hemos revelado al mundo entero. Y ahora estamos defendiendo la patria contra los imperialistas. Porque defendemos, venceremos. No somos partidarios del Estadono defendemos una posición de gran potencia; a Rusia no le queda más que la Gran Rusia. No se trata pues de intereses nacionales. Afirmamos que los intereses del socialismo, del socialismo mundial, son superiores a los nacionales, están por encima de los intereses del Estado. Somos «defensistas» de la patria socialista» (Obras completas, tomo 22º, pp. 13-14).
                Después de declarar el legítimo y necesario derecho del proletariado soviético a defenderse de las agresiones del imperialismo belicoso, Lenin afirmaba que los intereses del socialismo (aunque dependieran del sostenimiento del Estado soviético) eran superiores a los intereses nacionales, a los intereses de cualquier país (¡incluso a los de la Rusia soviética!). En sus Obras completas (tomo 23º, p. 291), se puede leer lo siguiente: «[...] el imperialismo anglo-francés y americano estrangulará inevitablemente la independencia y la libertad de Rusia a no ser que triunfe la revolución socialista, el bolchevismo, a escala mundial». En este pasaje, Lenin mantiene la posición (que defendió hasta que fue consciente de que la construcción del socialismo en Rusia sí era posible a pesar del aislamiento, haciendo gala nuevamente de su ejemplar flexibilidadtáctica) según la cual condiciona el triunfo del socialismo en Rusia al éxito de la Revolución internacional. Esta postura, que era tan correcta como la que después defendió Lenin (ya que tanto una como otra se ajustaban a las diferentes necesidades y posibilidades revolucionarias a escala internacional), demostraba que el revolucionario ruso ponía un énfasis especial sobre la correlación de fuerzas entre clases a escala mundial. Al final, tanto el apoyo a la Revolución mundial como el fortalecimiento del Estado soviético formaron un solo y robusto puño de hierro que, a la postre, aseguraría el éxito del socialismo pese al reflujo del movimiento revolucionario de los 20, un movimiento que terminaría por decaer sobre todo después del fracaso de la insurrección de 1923 en Bulgaria.
                Terminando con este punto, entendemos que es necesario realizar unas apreciaciones breves sobre la cuestión de la defensa de la Rusia soviética y el apoyo a la Revolución internacional tanto en la URSS encabezada por Lenin como en la URSS estaliniana, pues esto es todavía algo que consideramos poco estudiado por el conjunto del movimiento comunista internacional. Stalin, que en ese momento defendía las mismas posiciones que Lenin, pasaría posteriormente a sostener posiciones en exceso «defensistas». Así, en lugar de subordinar en el plano ideológico la construcción del socialismo en territorio soviético al impulso a la Revolución mundial, colocaba a la Rusia soviética como la base de la Revolución mundial. A nuestro juicio, este planteamiento estuvo condicionado por la situación de reflujo revolucionario que se produjo desde mediados de los 20. Dicho reflujo provocó que esa posición excesivamente «defensista» se acentuara, provocando un debilitamiento progresivo del internacionalismo proletario hasta su liquidación definitiva con el programa de los Frentes Populares, el democratismo burgués del antifascismo y la posterior disolución formal de la Comintern.
                Como se puede leer en el documento Stalin, del marxismo al revisionismo(cuyo estudio aconsejamos encarecidamente a todos los comunistas), de los camaradas del Colectivo Fénix, entre los cruciales años de 1923 y 1925 el revolucionario georgiano ponía el acento sobre todo en la cuestión de la Revolución internacional. Sin embargo, una vez que las tesis del socialismo en un solo país (correctas y acordes a las necesidades políticas y económicas del socialismo en la URSS) resultaron victoriosas, el Partido encabezado por Stalin comenzó a sobredimensionar el aspecto nacional por encima del internacional, relegando a este último a un segundo plano.
                Es cierto que la recién constituida URSS tuvo que hacer frente a la reconstrucción del país sobre bases socialistas después de años de asedio, invasión y boicot por parte de las potencias capitalistas. Es cierto también que los comunistas soviéticos, por sí mismos, no tenían capacidad alguna para organizar revoluciones proletarias triunfantes en el resto de Europa. Por último, es verdad que el reflujo revolucionario de mediados de los 20 -que quedó certificado con la derrota del proletariado en Bulgaria- era sobre todo responsabilidad de la incapacidad manifiesta de los comunistas franceses, alemanes o británicos para derrocar a la burguesía de sus Estados. Pero todo esto, aunque por supuesto explica el contexto en que las posiciones excesivamente «nacionales» se hicieron fuertes en el seno del Estado soviético, no fundamenta de manera completa por qué esta línea terminó por imponerse. A nuestro entender, esta tendencia nacionalista presuponía una concepción un tanto mecanicista -de la que el bolchevismo no fue totalmente capaz de desprenderse al adaptar el marxismo a través de Kautsky y Plejanov a las condiciones particulares de Rusia- de la Revolución, ya que ponía sobre todo el acento en el desarrollo de las fuerzas productivas y las condiciones objetivas.
                Finalmente, como argumentan desde el Colectivo Fénix en su documentoStalin. Del marxismo al revisionismo:
                «La inclusión de consideraciones defensistas en la teoría del socialismo en un solo país irá conduciendo al partido bolchevique a contemplar la Revolución Proletaria Mundial desde el estrecho punto de vista de los intereses de Estado del país soviético, y cada vez más su desarrollo en función de las circunstancias políticas internacionales de la URSS. La Revolución Proletaria Mundial se considera cada vez menos como un movimiento independiente originado por la lucha de clase internacional del proletariado, y cada vez más como un proceso dependiente y subordinado a la conservación de la Unión Soviética como Estado dentro del concierto internacional. En estos términos, lainstrumentalización de la clase obrera internacional para los fines de la política exterior soviética, reduciéndola a mero apéndice de su diplomacia, es el último paso lógico de la degeneración nacionalista de la teoría del socialismo en un solo país».
2. Cerco imperialista, aislamiento y primeras tentativas de relaciones de
la Rusia soviética con el mundo capitalista
                Fue el 5 de abril de 1918, en Vladivostok, el día en que el imperialismo penetró directamente en territorio soviético. En concreto, tropas japonesas desembarcaron en la ciudad, tan solo un mes después de que, según la versión oficial de Japón, dos japoneses fueran asesinados. Esto fue, sin duda, un pretexto del imperialismo internacional para intervenir a gran escala en las entrañas de la Rusia soviética. Más tarde, a finales de mayo del mismo año, la legión checa tomó también posiciones en territorio soviético. Por último, Murmansk, un enclave de la RSFSR (que llegó a estar invadida por una veintena de ejércitos imperialistas), fue tomado por tropas inglesas a finales de junio.
                Todos estos acontecimientos demostraron que la burguesía internacional, temerosa de que la Revolución proletaria prendiera como la mecha y asolara la putrefacta sociedad burguesa, estaba dispuesta a derrotar militarmente a la Rusia proletaria, ya que política e ideológicamente no lo había conseguido. El poder soviético, viendo que por el momento la Revolución no se extendía con la rapidez deseada, volvió a maniobrar de forma inteligente y realista, llegando a un acuerdo con la Alemania imperialista para poner fin a las hostilidades. Esto se materializó en la firma de tres tratados suplementarios al de Brest-Litovsk: un acuerdo político, otro de tipo financiero y un tercero confidencial (con este último, el Estado proletario hacía uso por vez primera de la diplomacia secreta).
                Podemos decir que 1919 fue el año de mayor aislamiento de la Rusia soviética en relación al mundo capitalista. Además, fue uno de los periodos en los que su política exterior fue más decididamente revolucionaria. Ahora bien, el Estado de los obreros y campesinos pobres de Rusia estaba dispuesto a soportar un precio por llegar a acuerdos para el cese de las hostilidades imperialistas. Mientras el proletariado europeo era incapaz de llevar a buen puerto el proyecto revolucionario, a la República soviética le urgía un descanso que necesitaba para recomponer fuerzas.
                Tras más de medio año de asedio imperialista directo, las grandes potencias «aliadas» decidieron que ya no tenía sentido mandar más soldados a Rusia. Sin embargo, la retirada de las tropas fue acompañada de un apoyo más entusiasta y fuerte, tanto financiero como militar, a la contrarrevolución interna. No es casual que fuera este el periodo en que más éxitos cosechó el contrarrevolucionario Kolchak en la región de Siberia.
                El panorama internacional, por primera vez en la historia, aparecía dividido en dos bloques hostiles con intereses antagónicos. Por un lado, seguía en pie la Rusia soviética, con una legión creciente de millones de simpatizantes y seguidores entre el proletariado internacional; por otro lado, estaban todas las potencias imperialistas con sus dientes afilados preparados para derrocar al poder revolucionario. La posición de debilidad militar de la joven República proletaria obligó a mejorar, cuantitativa y cualitativamente, las fuerzas militares soviéticas (dicha mejoría tuvo su corolario lógico en la transformación de la Guardia Roja en un potente y disciplinado Ejército Rojo, para el cual el poder soviético no dudó en reciclar a algunos ex oficiales y mandos militares zaristas). Fue este el periodo en que la acusación de «militarismo» fue lanzada por el campeón internacional del revisionismo en aquella época, Karl Kautsky, quien pretendía que los obreros y pequeños campesinos se desarmaran para que volviera a imponerse la dictadura de la burguesía.
                En ese momento, Lenin pensaba que la Rusia soviética no podría aguantar mucho tiempo el asedio imperialista si no triunfaba la Revolución en Europa [«No estamos viviendo simplemente en un Estado, sino en un sistema de Estados, y es inconcebible que la República soviética continúe existiendo durante un largo periodo de tiempo al lado de Estados imperialistas. Al fin, uno de los dos tiene que vencer. Hasta que esto ocurra, son inevitables una serie de terribles choques con los Estados burgueses».(Obras completas, tomo 24º, p. 122]. Por este motivo, Lenin vio muy pronto la necesidad de crear una nueva Internacional (algo que ya había expresado el revolucionario ruso en 1914, cuando comenzó la primera gran carnicería imperialista mundial de la historia). Así, a principios de 1919, el dirigente bolchevique presidió una reunión en el Kremlin en la que se llegó a la conclusión de la necesidad de invitar a «todos los partidos opuestos a la Segunda Internacional» para asistir a un congreso en Moscú con el objetivo de crear una Tercera Internacional (Gran Enciclopedia Soviética, vol. 23º, col. 737, artículo «Internacional Comunista»).
                Recordemos que, en este periodo histórico, la división internacional del movimiento obrero y socialista estaba configurada de la siguiente manera. A la derecha de este movimiento, se encontraba toda la nómina de social-chovinistas, los mismos patrioteros que habían abjurado del marxismo y del internacionalismo proletario, y para los cuales la Internacional Comunista declaró una «guerra sin cuartel». En el centro del movimiento socialista internacional se encontraba un grupo de dirigentes que, sin ser descaradamente chovinistas y antisoviéticos, consideraban que se podía llegar a una serie de componendas con la burguesía internacional. De este grupo, la Comintern propuso la política de extraer a los elementos más combativos y honestos de sus filas, al tiempo que se llamaba a una crítica sin contemplaciones de sus dirigentes oportunistas. Por último, a la izquierda se encontraba todo el conjunto de organizaciones, dirigentes y militantes comunistas que apostaban decididamente por la implantación de soviets a escala internacional y por un apoyo firme a la República socialista de Rusia.
                En la invitación a los comunistas para la celebración del primer Congreso (tengamos en cuenta que llegaron a asistir delegaciones comunistas de buena parte del mundo, como Polonia, Finlandia, Letonia, Lituania, Suecia, Noruega, Ucrania, Bielorrusia, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Gran Bretaña, Suiza, Holanda, Hungría, Austria, Estados Unidos, China, Irán o Corea), se decía que el propósito era el de «crear un órgano general de lucha para la coordinación permanente y la dirección sistemática del movimiento, el centro de una Internacional Comunista, subordinando los intereses particulares del movimiento en cada país a los intereses de la revolución a escala internacional» (Pravda, 24 de enero de 1919). En esta declaración quedó meridianamente claro que las revoluciones nacionales debían subordinarse necesariamente al proyecto de la Revolución internacional. Posteriormente, la situación internacional obligó a poner más el acento en la cuestión del socialismo en territorio soviético, algo que sin duda explica solo parcialmente el viraje que se produciría después al transformarse la Unión Soviética en el elemento subordinante (y no subordinado) de la Revolución mundial.
                Este primer Congreso no se desarrolló sin polémicas o disensiones abiertas sobre la capacidad real del movimiento comunista internacional para conformar una nueva Internacional. Así, Eberlein, el dirigente del oportunista SPD, afirmó:
                «Solamente existen partidos comunistas propiamente dichos en unos pocos países; en la mayor parte de ellos han sido creados en las últimas semanas; en muchos países en los que hay comunistas, carecen totalmente de organización… Lo que hace falta es toda la Europa occidental. Bélgica e Italia no están representadas; el representante suizo no puede hablar en nombre del partido; Francia, Inglaterra, España y Portugal no están aquí representadas, y América tampoco se encuentra en situación de decirnos qué partidos nos ayudarían». (El primer Congreso de la Internacional Comunista[Hamburgo, 1921], p. 134).
                A pesar de los problemas, las vacilaciones y los ataques provenientes del campo del oportunismo, la Comintern fue fundada y su manifiesto político («A los proletarios del mundo entero», al que Zinóviev calificó de «segundo manifiesto comunista») hecho público internacionalmente. Se aprobaron las tesis presentadas por Lenin, unas tesis en las que se hacía una denuncia radical de la farsa de la democracia burguesa y el parlamentarismo, defendiendo de manera firme la necesidad de la dictadura del proletariado. Además, se atacó de forma clara el imperialismo de la Entente y el terror contrarrevolucionario «blanco». Al final, Lenin lanzó una apelación (titulada «A los obreros de todos los países») en la que exhortaba a los proletarios que acudieran en apoyo de la República soviética y promovieran el triunfo de la Revolución mundial.
                Lenin, en los momentos de mayor efervescencia revolucionaria, ejemplificaba a la perfección la dualidad de propósitos inherente al proyecto revolucionario de la época. Mientras se defendía con uñas y dientes la subsistencia del Estado proletario, se efectuaba una propaganda sistemática e incansable sobre la necesidad de dar impulso a la Revolución socialista internacional. Pero hay que tener en cuenta que el mismo impulso, lógico y necesario, dado por la Comintern en el sentido de unificar a los comunistas de todo el mundo, tuvo su consecuencia inevitable -dadas las condiciones en que los diferentes destacamentos comunistas se habían constituido- en la emergencia de Partidos Comunistas sin el mismo patrón de constitución partidaria que había seguido el Partido bolchevique, es decir, sin una lucha entre dos líneas previa y sin una ligazón real con la vanguardia práctica del proletariado. Esto provocó que, lo que ocurriera en marzo de 1919, no fuera tanto una fusión de diferentes Partidos Comunistas de ámbito estatal -con una fuerza más o menos uniforme- como una unión entre diferentes destacamentos comunistas, en general débiles y aislados, y el poder soviético, que en ese momento por fuerza tenía que ser el elemento rector de la política proletaria a nivel internacional.
                Mientras tanto, la burguesía trataba de jugar sus cartas, pero cada vez estaba más aterrada por el desarrollo de los acontecimientos políticos en Europa. Así se pudo demostrar ya en enero de 1919, en la Conferencia de Paz organizada por los imperialistas en París, evento en el que oficialmente se discutió sobre el problema de la ocupación imperialista de la República soviética; una discusión que, a la postre, demostraría las serias preocupaciones de la burguesía internacional por la oleada revolucionaria. Así, el primer ministro británico expresó el temor de la clase dominante británica con las siguientes palabras:
                «Si él proponía ahora mandar mil hombres a Rusia con ese propósito, los ejércitos se amotinarían», «si iniciase una acción militar contra los bolcheviques, Inglaterra se volvería bolchevique y habría un Soviet en Londres» (Relaciones Exteriores de Estados Unidos: La Conferencia de Paz de París, 1919, vol 3º, pp. 590-591).
                Otro destacado representante de las clases dominantes a escala mundial, House, llegó a decir que «El bolchevismo gana terreno en todas partes. Hungría acaba de sucumbir. Estamos sentados sobre un barril de pólvora y cualquier día una chispa puede prenderlo fuego» (Los papeles secretos del Coronel House, ed. C. Seymour, volumen 4º [1928], p. 405), y el mismo Lloyd George llegó a declarar que «Toda Europa está invadida por el espíritu de la revolución. Hay un sentimiento profundo, no de descontento, sino de furia y revuelta entre los obreros contra las condiciones existentes antes de la guerra. Todo el orden político, social y económico está siendo puesto en tela de juicio por las masas de la población de un extremo a otro de Europa» (Documentos sobre las negociaciones para un pacto anglo-francés, Cmd 2169 [1924], p. 78).
                Y no exageraban, pues las tentativas de desafiar el orden capitalista en el continente europeo se sucedían. En Gran Bretaña, la situación social era una auténtica olla a presión. Así, a finales de enero de 1919 se produjo la huelga general de Glasgow, y un «Viernes rojo» que se consideró la cima del movimiento proletario revolucionario en la región de Clyde. Como atestiguó el delegado británico de la Comintern, Fineberg: «El movimiento huelguístico se está extendiendo por toda Inglaterra y afecta a todas las ramas de la industria. En el ejército la disciplina se halla muy debilitada, lo cual fue, en otros países, el primer síntoma de la revolución» (El primer Congreso de la Internacional Comunista [Hamburgo, 1921], p. 70).
               En gran parte de Europa central, el hambre y el desempleo se extendían vertiginosamente, mientras que las huelgas y los disturbios callejeros proliferaban en países como Holanda y Suiza. El periodo de flujo revolucionario vivió uno de sus hitos con la constitución de la República soviética de Hungría el 21 de marzo de 1919. A comienzos de abril, el proletariado bávaro tomó el testigo del húngaro y proclamó igualmente la formación de la República soviética de Baviera. El Estado soviético, que observaba con lógica ansiedad cómo las revoluciones obreras se extendían por Europa, emitió un comunicado en el que expresaba su convicción de que «el proletariado del mundo entero, al tener ante sus ojos los asombrosos ejemplos de la insurrección victoriosa de los obreros en tres países de Europa, los seguirá con una fe ciega en la victoria» (Kliuchnikov y Sabanin, Mezhdunarodnaya Politika, ii [1926], pp. 237-38).
                Sin embargo, el sistema burgués aún pisaba sobre tierra firme y, debido sobre todo al insuficiente desarrollo del movimiento revolucionario (fruto de una constitución forzada y sin vínculos reales con el movimiento de masas) y al papel que jugaría el oportunismo y el revisionismo, la oleada revolucionaria fue frenada de manera sangrienta y eficaz. Así, el 1 de mayo de 1919 se certificó la defunción de la joven República soviética de Baviera. Thomas, el comunista bávaro, declaró más tarde: «la caída de la prematura República soviética bávara había significado el fracaso de la revolución alemana» (Bericht über den 5. Parteitag der Kommunistichschen Partei Deutschlands [Spartakusbund], [1921], p. 77). La misma suerte correría el levantamiento comunista de Viena, que fue aplastado a mediados de junio del mismo año. Por último, en agosto de 1919, la República soviética de Hungría fue destruida, en parte por la propia debilidad interna, y en parte también por la intervención de las tropas rumanas apoyadas por las potencias imperialistas «aliadas».
                Tras esta serie de derrotas, y al ver que la Revolución internacional se aplazaba, la República Soviética Federativa Socialista de Rusia sufrió un aislamiento brutal por parte del imperialismo internacional, además de un asedio formidable que tuvo su punto culminante en los éxitos militares de Kolchak en Siberia, Yudenich frente a Petrogrado o Denikin en Ucrania y la región central de Rusia. Fueron tales los éxitos de la contrarrevolución y el imperialismo, que incluso la misma República soviética pendió de un hilo, sobre todo en los meses de octubre y noviembre de 1919. Es evidente que, como no podía ser de otra manera, ese año la Rusia soviética dependió en gran medida de las acciones de los imperialistas para la conformación de su política exterior. Igualmente, resulta evidente constatar que la Rusia revolucionaria fue aislada por la implicación directa de las potencias imperialistas en el terror «blanco»: es decir, fueron los imperialistas los que aislaron a la Rusia revolucionaria, y no esta la que decidió motu propio aislarse del mundo capitalista.
                El fracaso de la Revolución en Alemania, sobre todo, hizo que el pesimismo cundiera en destacados dirigentes bolcheviques, como era el caso de Radek. Sin embargo, ni siquiera Radek abandonaba todavía la idea de la inevitabilidad del triunfo definitivo de la Revolución:
                «La revolución mundial es un proceso muy lento, en el que hay que esperar más de una derrota. No tengo duda alguna de que en todos los países el proletariado se verá obligado a construir su dictadura varias veces y la verá hundirse muchas veces antes de vencer definitivamente» (Zur Taktik des Kommunismus: Ein Schreiben an den Oktober-Parteitag der KPD [1919], p. 5).
                1919 fue también el año en que tuvieron lugar importantes y profundas discusiones sobre la cuestión parlamentaria en el seno de la vanguardia comunista internacional. Así, la conocida Sylvia Pankhurst (quien fue la encargada de informar a Lenin sobre el desarrollo del movimiento comunista británico) escribió al revolucionario ruso con la intención de ganarse a este para difundir un mensaje claro contra la participación en los parlamentos burgueses. Sin embargo, el dirigente bolchevique defendió la participación en las instituciones democrático-burguesas. Esta posición de Lenin, que ha sido sin duda una de las más manipuladas por el oportunismo y el revisionismo hasta nuestros días, estuvo plenamente justificada a nuestro entender, pues no buscaba más que aprovechar todos los resquicios legales para insuflar conciencia revolucionaria a un movimiento proletario de masas que se radicalizaba cada vez más. Así, Vladimir Ilich Ulianov respondió a Sylvia Pankhurst con la idea de que el abstencionismo era, en ese momento, un error. Sin embargo, entendía que hubiera comunistas británicos opuestos a la participación parlamentaria, por lo que llegó a exhortar a los revolucionarios británicos para que no hubiera una ruptura entre ellos, propugnando que existieran «dos partidos comunistas, es decir, dos partidos a favor de la transición del parlamentarismo burgués al poder de los soviets» (Lenin, Obras completas, tomo 24º, pp. 437-442), los cuales diferirían solo en la cuestión de la participación de los comunistas en las instituciones políticas del capital. En todo caso, el movimiento comunista británico (que, en realidad, nunca tuvo una fuerza considerable, quizá por la propia historia del movimiento obrero inglés, en parte, y quizá también por lo que ya supieron ver Engels y Marx sobre el «aburguesamiento» de una porción importante de la clase obrera británica, que luego se transformó en aristocracia obrera) no consiguió despegar realmente y, salvo en contadas ocasiones y por el ímpetu combativo de algunos sectores del proletariado británico, nunca supuso una amenaza muy seria para la clase explotadora británica.
                En Francia, la situación era aún más desalentadora. El movimiento obrero galo, a pesar de tener un alto grado de conciencia, no era ni mucho menos de los más combativos y aguerridos de Europa. Pero -lo que es más importante aún- el único referente revolucionario hasta la fecha era el Partido Socialista Francés. Recordemos que este partido era, junto con el Partido Laborista Inglés, uno de los grandes adalides de la resurrección de la Segunda Internacional y, por tanto, uno de los puntales más importantes del orden burgués en Francia.
                En lo que respecta a países de menor importancia cuantitativa, el desarrollo de los Partidos Comunistas en 1919 era dificultoso y, en muchas ocasiones, carente de solidez ideológica y política. Por ejemplo, el Partido Comunista Polaco, se encontraba en una situación de aislamiento relativo respecto a las grandes masas del proletariado y el campesinado pobre; además, estaba en una situación de persecución y semi-ilegalidad. Por su parte, tanto el Partido Socialista Italiano como el Partido Obrero Noruego, aunque tenían una influencia considerable sobre las grandes masas explotadas, no habían emprendido una lucha de dos líneas seria y su estructura era un tanto caótica. Otras organizaciones políticas comunistas, como el Partido Comunista Húngaro o el Finlandés, apenas tenían presencia en sus respectivos países y el grueso de sus dirigentes y militantes residía en territorio ruso como exiliados políticos. El único partido de gran importancia era el Partido Comunista Búlgaro, que, de hecho, era el único partido auténticamente comunista, es decir, revolucionario y de masas, además del bolchevique. (Para un estudio introductorio sobre este partido y su papel en la derrotada Revolución búlgara de 1923, aconsejamos nuestro documento Bulgaria y la Revolución fracasada de 1923, que podréis leer en este enlace:
                Con este cuadro del movimiento comunista europeo, la dirección bolchevique seguía abrigando esperanzas en la Revolución proletaria en el continente europeo. Pero esto no significó, ni mucho menos, que sus dirigentes más lúcidos se llamaran a engaños sobre la inminencia de la dictadura proletaria a escala europea. Así, Lenin aseguró lo siguiente:
                «Confiamos en la inevitabilidad de la revolución internacional, pero esto no quiere decir que seamos tan tontos como para confiar en la inevitabilidad de la revolución internacional dentro de un periodo corto y definido. Hemos visto dos grandes revoluciones, la de 1905 y la de 1917, en nuestro país, y sabemos que las revoluciones no se hacen por encargo o por acuerdo» (Obras completas, tomo 23º, pp. 176-89).
                Este estadio de debilidad del proletariado revolucionario llevó al revolucionario ruso a flexibilizar su táctica y a aconsejar la participación en las elecciones burguesas y la entrada en los sindicatos de la aristocracia obrera y los oportunistas. Pero, a nuestro juicio, sería incorrecto atribuir a Lenin una «excesiva» tolerancia en lo doctrinal, pues incluso en situaciones desesperadas el dirigente bolchevique no dejó de remarcarsiempre la necesidad de que el proletariado y los comunistas fueran la fuerza socio-política hegemónica en cualquier alianza política. Es más, incluso en el caso de los países coloniales y semicoloniales (donde el proletariado era una clase aún muy reducida y los comunistas una fuerza política muy minoritaria), Lenin siempre defendió abiertamente que el proletariado propugnara la consiga de la creación de soviets y que dicho proletariado, además, gozara en cualquier circunstancia de su necesaria independencia de línea y programa para la toma del poder.
                Volviendo a la cuestión de la República soviética y el mundo capitalista, hay que decir que, al igual que la Rusia revolucionaria fue obligada al aislamiento por el asedio imperialista, el gran capital internacional inició un progresivo acercamiento al poder soviético a finales de 1919 por imposición de las circunstancias políticas. Estas circunstancias tenían que ver con la conciencia clara, por parte de los buitres imperialistas, del fracaso estrepitoso de la contrarrevolución interna, por un lado, y de la posición económica que ocupaba el vasto territorio ruso, por otro lado. En el primer aspecto, se demostraba la capacidad del proletariado revolucionario ruso para defender su nuevo poder (una influencia muy poderosa en este sentido la tuvo el recién creado Ejército Rojo, que fue capaz de hacer frente a sofisticados y poderosos ejércitos de las potencias más formidables del globo en su momento). Con respecto al papel económico internacional de Rusia y el acercamiento de la burguesía internacional, quedaba claro que la economía política internacional se imponía, y ningún gran capitalista internacional, al ver que el poder soviético se consolidaba y que se iniciaba un periodo de concesiones controladas de los inmensos recursos del país, estaba dispuesto a quedarse atrás en el negocio. A pesar de eso, hubo multitud de fricciones y, al final, el monto total de las inversiones extranjeras y las concesiones a capitalistas foráneos no fueron tan elevados como en un principio se previó desde la dirección soviética.
                En este sentido, no es de extrañar que Lloyd George, en su discurso en el Guildhall, el 8 de noviembre de 1919, declarara que Rusia era un país indispensable para lograr la «paz», llegando a condenar abiertamente el bloqueo y calificando a Rusia como«uno de los grandes recursos para el abastecimiento de alimentos y de materias primas»(House of Commons: 5th Series, cxxii, p. 194). Como consecuencia del nuevo rumbo político dado por la burguesía británica con respecto a Rusia, en enero de 1920, el Consejo Supremo reconoció de facto a las repúblicas de Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Estonia y Letonia.
                Fue en este momento cuando Chicherin, que fue Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores hasta 1928 (año en que fue sustituido por el conocido Maxim Litvinov), aseveró que:
                «Incluso estamos dispuestos a sacrificarnos por conseguir un estrecho contacto económico con Inglaterra… Por tanto, acojo encantado la declaración del primer ministro británico como un primer paso hacia una política sana y real que responde a los intereses de ambos países»,
                para concluir lo siguiente:
                «Es posible que existan diferentes opiniones acerca de la duración del sistema capitalista, pero, por el momento, éste existe, de forma que es necesario encontrar unmodus vivendi para que nuestros Estados socialistas puedan coexistir pacíficamente con los Estados capitalistas, y para que las relaciones entre ambos sean normales; esto es una necesidad que interesa a todos». (A. L. P. Dennis, The Foreign Policies of Soviet Russia [1924], p. 380).
                Llegados a este punto y dada la enjundia de esta última intervención de Georgi Chicherin, es imprescindible que nos detengamos un momento en la idea de la «coexistencia pacífica» que ya defendió claramente el dirigente bolchevique. En primer lugar, esto demuestra que la idea de la coexistencia pacífica con el imperialismo no fue, en absoluto, una «invención» del revisionista Kruschev, sino que era parte de una línea que latía, desde el momento en que el reflujo revolucionario europeo se consolidara, en un sector de la dirección soviética. En segundo lugar, esta declaración de Chicherin sentó un precedente nefasto para el internacionalismo proletario y, en última instancia, la propia subsistencia del socialismo en Rusia, pues sembró el campo con la ilusión de que el socialismo y el capitalismo podían existir mutuamente y de manera pacífica. Si bien el cerco y el aislamiento alimentaron esta posición defendida por Chicherin (una posición que, de hecho, nunca desapareció del todo en la URSS, como lo prueba el hecho de que la tesis fue finalmente impuesta por Kruschev tras la muerte de Stalin), consideramos que, si esta posición pudo afianzarse en el Partido y el Estado soviéticos desde mediados de los 50 sin apenas resistencia, implicaba de hecho que la idea del enfrentamiento inevitable entre el capitalismo y el socialismo pugnaba -con más debilidad de la imaginada por los dirigentes soviéticos- con la de la «coexistencia pacífica» con el imperialismo. Esto demuestra, en nuestra opinión, la correcta y justa idea de que el revisionismo no es una amenaza «externa» al movimiento comunista, sino que es un peligro constante que anida en el interior mismo del movimiento revolucionario, y que solo desaparece con el triunfo definitivo del socialismo, es decir, con la implantación de la sociedad comunista mundial.
                Ahondando más en esta problemática, es interesante sacar a colación ahora una intervención de otro de los grandes diplomáticos soviéticos de los 20, Karl Radek, el ambivalente «germanófilo», quien declaró en marzo de 1920:
                «Si nuestros colegas capitalistas se abstienen de actividades antirrevolucionarias en Rusia, el gobierno soviético se abstendrá de llevar a cabo actividades revolucionarias en países capitalistas; pero seremos nosotros los que determinemos si están o no provocando agitación antirrevolucionaria (…) Pensamos que ahora los países capitalistas pueden coexistir con un Estado proletario. Consideramos que los intereses de ambos lados se centran en obtener la paz y en el establecimiento de un intercambio de bienes y, por lo tanto, estamos dispuestos a concluir la paz con todo país que hasta el momento ha luchado contra nosotros, pero que en el futuro esté dispuesto a darnos locomotoras y maquinaria a cambio de nuestras materias primas y nuestros cereales» (A. L. P. Dennis, The Foreign Policies of Soviet Russia [1924], pp. 358-59).
                Nuevamente, quedaba claro que había destacados dirigentes bolcheviques que no eran conscientes del peligro de las tesis de la incipiente «coexistencia pacífica» con el imperialismo. Radek fue a más incluso, llegando a decir -como se puede leer en este fragmento- que los intereses de «ambos lados» se centraban en «obtener la paz» (!). Es decir, resultaba que el imperialismo ya no llevaba forzosamente a la guerra de rapiña; resultaba, además, que el imperialismo ya no estaba destinado a enfrentarse con el socialismo para ser derrotado por el proletariado internacional. Por lo que se ve, para Radek el entendimiento entre el imperialismo internacional y la Rusia soviética no era, como para Lenin, un mal menor, una realidad ineludible mientras el fermento revolucionario volvía a tomar fuerza. Por el contrario, tanto Radek como Chicherin entendían que el Estado proletario podía desarrollarse en armonía con las hienas capitalistas internacionales. En definitiva, nada que ver con lo que Lenin sostuvo en el noveno Congreso del Partido, en marzo de 1920, en relación a dicha «coexistencia»:
                «Lo que más nos interesa es maniobrar nuestra política internacional sin desviarnos de la línea que hemos adoptado y estando preparados para cualquier cosa. Hemos estado llevando a cabo la guerra por la paz con la mayor energía. Esta guerra está dando excelentes resultados… Pero nuestros pasos en pro de la paz deben ir acompañados de una puesta a punto de todos nuestros recursos militares» (Obras completas, tomo 25º, p. 102).
                Anteriormente, en febrero de 1920, el Comité Ejecutivo Central de toda la Unión emitió un comunicado (la famosa «Invocación al Pueblo Polaco») en el que, de forma mesurada y realista -pero quizá imbuido, en el fondo, de cierto determinismo económico que nunca los bolcheviques pudieron eliminar del todo en sus posiciones-, declaraba lo siguiente:
                «Nosotros, los representantes de la clase obrera y campesina rusa, hemos aparecido y seguimos apareciendo abiertamente ante el mundo entero como los campeones de los ideales comunistas; estamos plenamente convencidos de que los trabajadores de todos los países terminarán por salir al camino que los trabajadores rusos ya están pisando.
                Pero nuestros enemigos y los vuestros os engañan cuando dicen que el gobierno soviético ruso desea implantar el comunismo en territorio polaco con las bayonetas de los soldados del Ejército Rojo. Un orden comunista es solo posible cuando la inmensa mayoría de los trabajadores están convencidos de la idea de crearlo con su propia fuerza. Solo entonces será sólido; porque solo entonces el comunismo podrá echar raíces profundas en un país. Por el momento los comunistas de Rusia no están luchando más que para defender su propio territorio, su trabajo pacífico y constructivo; no están luchando ni pueden luchar para implantar el comunismo por la fuerza en otros países» (Krasnaya Kniga: Sbornik Diplomatischeskij Documentov o Russko-Polskij Otnosheriyaj, 1918-1920 [1920], pp. 84-85).
                Este mensaje, lanzado al mundo para refutar las ideas lanzadas por la burguesía internacional sobre la «imposición» del comunismo a las masas trabajadoras de Europa, tuvo la gran virtud de señalar las limitaciones del poder soviético en un mundo imperialista hostil. De hecho, es cierto que los bolcheviques adolecieron de determinados errores (como el determinismo económico, el seguidismo en cuanto al desarrollo de las fuerzas productivas y una infravaloración del enemigo revisionista interno durante el periodo de la dictadura revolucionaria del proletariado), pero resultaría injusto achacar a los revolucionarios rusos el fracaso del impulso revolucionario a las masas europeas. No fueron los revolucionarios rusos los que más fallaron, sino el resto del movimiento comunista europeo e internacional, incapaz de agrupar en su seno a las masas más combativas para el triunfo del socialismo.
                Al final, tras un corto periodo de cese de hostilidades, la cuerda se tensó tanto que volvió a romperse. El imperialismo y la Rusia revolucionaria volvían a enfrentarse abiertamente, esta vez como consecuencia de la guerra polaco-soviética, en la cual el Estado polaco, como país controlado sobre todo por el imperialismo francés, invadió territorio ucraniano el 28 de abril de 1920.
3. La “retirada temporal” de la NEP, la Rusia Soviética y la Comintern

                A principios de los 20, la Rusia soviética comenzó a andar en un mundo capitalista hostil y beligerante, como no podía ser de otra manera. Pero, además de las tensiones exógenas, la joven República proletaria tuvo también que hacer frente a una serie de problemas internos que hicieron aún más dificultoso el camino de la construcción del socialismo. Estos problemas internos se expresaban, sobre todo, en un creciente descontento campesino como consecuencia del atraso económico del país, las secuelas de la intervención imperialista que dejaron a Rusia exhausta y una política de «comunismo de guerra» que rápidamente fue modificada para adoptar la NEP y restablecer, así, el equilibrio -imprescindible para el orden soviético- en la alianza obrero-campesina. Pronto los líderes bolcheviques se darían cuenta de que la cuestión interna y la externa estaban estrechamente relacionadas con la solidez del proyecto revolucionario soviético. Así, el descontento campesino del otoño de 1920 solo podía ser calmado, además de con la implantación de la NEP, gracias a un relajamiento en las tensiones con el imperialismo. En este sentido, la política exterior de relajamiento de las hostilidades con el mundo capitalista fue una consecuencia lógica e inevitable de la propia NEP. Como justificó el Comité Central de la Internacional Comunista, la NEP era «la expresión de la solución en la tarea de incorporar el Estado proletario a la cadena de las relaciones internacionales» (Documentos de la Internacional Comunista [1933], p. 272). La nueva política exterior, según las palabras utilizadas por Lenin en relación a la NEP, «había sido adoptada seriamente y por largo tiempo».
                Sin duda, el papel que jugó el Ejército Rojo en la estabilización de la situación interna también jugó un papel muy destacado. En gran medida como consecuencia de la invasión polaca de 1920, multitud de miembros provenientes de la antigua clase dominante del aparato zarista (como técnicos, burócratas y, por supuesto, militares) fueron reciclados por el Estado soviético. De hecho, el Ejército Rojo que consiguió aplastar a los contrarrevolucionarios internos estaba compuesto por importantes ex oficiales zaristas de muy diversos tipos (como Vatsetis y Sergei Kámenev, dos oficiales zaristas de graduación superior y a la sazón jefes importantes del Ejército Rojo, o Tujachevski, un joven soldado del ejército del zar que en poco tiempo ascendió a general del Ejército Rojo). Esto no fue algo que no inquietara a los bolcheviques más lúcidos (pues suponía reincorporar a elementos pertenecientes al viejo poder y, por tanto, ajenos al nuevo Estado), pero fue una medida inevitable dada la carencia de cuadros y técnicos al servicio del poder revolucionario. En este sentido, la invasión polaca del territorio soviético marcó igualmente un hito importante en la transformación de las fuerzas armadas revolucionarias, aún algo desorganizadas y con no demasiada experiencia, en un poderoso y disciplinado Ejército Rojo. Como expuso Radek:
«(…) en los tres años de guerra civil ha cristalizado una élite de oficiales zaristas que, en su fuero interno, está unida al gobierno soviético» (Die Auswärtige Politik Sowjet-Russlands [Hamburgo, 1921], pp. 67-68),
el aparato estatal soviético se veía obligado a reclutar a miembros pertenecientes al viejo orden. De nuevo, la poderosa realidad del aislamiento y el atraso se imponía sobre lo que habrían preferido los bolcheviques. En este contexto se enmarcaba el nuevo viraje de la Rusia soviética en el plano internacional. Tras vislumbrarse el final de una brutal guerra interna y un acoso internacional formidable, la política exterior soviética comenzó a dar más importancia al sostenimiento del orden revolucionario en Rusia. Con esta actitud comenzaron las negociaciones, colectivas o individuales, para llegar a acuerdos concretos con diferentes Estados capitalistas. Ahora bien, sería erróneo inferir de esto que el Estado soviético hubiera prescindido de su defensa inquebrantable de la Revolución proletaria internacional. En realidad, lo que hubo es un acomodo a una situación en la que la Revolución en Europa parecía más lejana y en la que la construcción del socialismo soviético no podía esperar a que el proletariado europeo acudiera en ayuda del ruso. Así lo expresó Lenin en una conferencia al Partido en Moscú, en noviembre de 1920:
                «No solo disfrutamos un respiro, sino que estamos en una nueva etapa en la cual ha sido ganada nuestra posición fundamental en el marco de los Estados capitalistas».
                «De semejante locura nunca fuimos culpables: siempre hemos dicho que nuestra Revolución vencerá cuando tenga el apoyo de los trabajadores de todos los países. Resulta que nos han apoyado a medias, debilitando el brazo que se alzaba en contra nuestra; pero aun así, en ese sentido, nos han ayudado» (Obras completas, tomo 25º, pp. 485-496).
                De este modo, la idea de una isla revolucionaria en medio del océano reaccionario del capitalismo -rechazada por utópica por los bolcheviques en el comienzo de la Revolución- comenzaba  a tomar cuerpo. Así, el líder bolchevique declaró:«Mientras continuemos siendo, desde el punto de vista militar y económico, más débiles que el mundo capitalista, debemos guardar las reglas: tenemos que ser suficientemente hábiles valiéndonos de las oposiciones y contradicciones entre los imperialistas… Políticamente tenemos que utilizar los conflictos entre nuestros adversarios que tienen su raíz en causas profundamente económicas» (Ibid., tomo 25º, pp. 498-501). Trotsky, en agosto de 1920, argumentó lo siguiente: «No solo podemos convivir con gobiernos burgueses, sino que podemos trabajar juntos con ellos dentro de unos límites muy amplios. Está perfectamente claro que nuestra actitud en el conflicto del Pacífico estará determinada por la actitud del Japón y Estados Unidos hacia nosotros»(Kak Vooruzhalas Revolutsiya [1924], p. 283).
                Fue este el contexto en el que la Rusia soviética comenzó a buscar posibles vendedores de bienes de capital imprescindibles para la reconstrucción del país y la industrialización como base económica del socialismo. Aquí los bolcheviques hilaron muy fino y, además de aprovecharse de las contradicciones interimperialistas, trataron de encontrar proveedores extranjeros de bienes de equipo y de inversiones que aceptaran algunas de las condiciones soviéticas. Recordemos que ya en este año los imperialistas comenzaron a darse cuenta de que el territorio ruso era demasiado apetecible como para no ser explotado. Cuando comenzó la oferta de concesiones extranjeras para la explotación de recursos naturales (como las minas, los bosques, el gas natural o el petróleo), fue Estados Unidos la fuente más prometedora de inversiones de capital. Las condiciones soviéticas para las concesiones eran claras.
                En primer lugar, los obreros soviéticos tendrían que trabajar en las condiciones determinadas por la legislación laboral soviética. En segundo lugar, las compañías  tenían que demostrar ser solventes y de confianza. A cambio, el Estado soviético se comprometía a compensar a los capitalistas extranjeros con una fracción de lo producido por los capitalistas concesionarios. Además, las concesiones tendrían una duración razonable y suficiente para la obtención de una ganancia por parte del grupo capitalista. Esta política fue directamente planificada y aprobada por Lenin, quien expresó lo siguiente:
                «Tenemos cientos de miles de fincas excelentes que podían ser mejoradas con tractores; vosotros tenéis tractores, vosotros tenéis petróleo y vosotros tenéis mecánicos preparados, y nosotros las ofrecemos a todos, incluyendo a las personas de los países capitalistas, para hacer de la restauración de nuestra economía nacional y del hecho de salvar a todos los pueblos del hambre, la piedra de toque de nuestra política» (Obras completas, tomo 25º, p. 507).
                Esta política no estuvo exenta de problemas, discusiones y divisiones en el seno del Partido y el Estado soviéticos. Así, Stepanov mostró su preocupación al decir que «La cuestión de las concesiones a capitalistas extranjeros está provocando descontento en los círculos del partido» (Correspondencia rusa, ii, i, nº 1-2 [enero-febrero, 1921]). Por un lado, había bolcheviques que veían un peligro en dar «demasiado» poder a capitalistas extranjeros. Por otro lado, también se observaba con preocupación el hecho de que las compañías extranjeras pudieran hacer uso de su fuerza negociadora y no se comprometieran totalmente a respetar la legislación soviética en materia laboral, fiscal, etc. Sin embargo, lo cierto es que, al margen de las críticas vertidas, de nuevo se imponía como única alternativa de política económica la de llegar a acuerdos puntuales con grupos capitalistas internacionales. Era el inexorable precio que la Rusia soviética tenía que pagar por su atraso histórico.
                Tan solo una semana después de que el revolucionario ruso anunciara al décimo Congreso del Partido sus propuestas para el impuesto en especie sobre los productos agrícolas (en definitiva, la base de la Nueva Política Económica), se produjo la firma del acuerdo comercial anglo-soviético. Este acuerdo fue el corolario inevitable de la necesidad acuciante de la Rusia soviética por reconstruir un país devastado. A diferencia de lo que sucedería con la Unión Soviética revisionista, aquí la «cooperación pacífica» con el imperialismo era un producto inevitable por el aislamiento y el fracaso de la Revolución internacional. En ningún caso constituía una línea que se defendiera con ahínco, sino que se aceptaba como un mal menor de ineludible cumplimiento para la propia supervivencia del modelo soviético.
                Además del cambio que se produjo en cuanto a las relaciones de la Rusia revolucionaria con los Gobiernos capitalistas occidentales, la República soviética comenzó a mirar cada vez más al Oriente. Esto tenía un sentido claro (que quedó patente en los primeros congresos de la Comintern): apoyar los movimientos nacional-revolucionarios en los países coloniales y semicoloniales como manera de debilitar al imperialismo y fortalecer el internacionalismo proletario. Así, en el otoño de 1920 se inició la política de aproximación entre Rusia y la antigua Persia. El 22 de octubre del mismo año, el comité central del Partido bolchevique fue instado a declarar que la Revolución en Persia solo podía producirse una vez que el desarrollo democrático-burgués se hubiera completado. La idea era desplazar al imperialismo en Persia, sellando una alianza temporal con la burguesía nacional. Los comunistas persas, por su parte, en ningún caso debían renunciar a su independencia ideológica y política.
                Sin embargo, dicha independencia no siempre se pudo garantizar en el caso de otros países semicoloniales, como se pudo comprobar con la Turquía de Kemal. Aquí hubo problemas serios que enfrentar por la brutal represión del Gobierno turco contra los comunistas de aquel país. El 28 de enero de 1921, en Erzerum, agentes turcos detuvieron al dirigente comunista Sufi y, junto a otros 16 prisioneros revolucionarios, fue arrojado al mar en Trebisonda. (Era este un método brutal de represión que «popularizó» el Estado turco. Décadas después, otros Estados capitalistas al servicio del imperialismo, como el argentino o el chileno, seguirían los pasos de tan brutales métodos anticomunistas.) La posición del Estado soviético fue aquí demasiado ambivalente, pues el «incidente» no llegó a afectar de manera importante a las relaciones diplomáticas entre ambos países. La posición de Stalin, a quien le honra ser uno de los pocos bolcheviques que se opuso claramente a ayudar al Estado turco en ese momento, supuso sin duda un acicate importante para que el Estado soviético exigiera explicaciones y medidas de amnistía para con los comunistas turcos, los cuales fueron liberados ese año. Además, Turquía se comprometió a perseguir y condenar a los asesinos del comunista turco Mustafá Sufí.
                Sobre el asesinato de Mustafá Sufí y el supuesto esclarecimiento de su muerte, desconocemos qué sucedió finalmente. Relacionado con esto, nos parece interesante ahora recalcar la posición que tuvo Stalin, quien en una entrevista realizada el 13 de mayo de 1927, declaró: «La revolución kemalista es una revolución de las altas esferas, una revolución de la burguesía comercial nacida en lucha contra los imperialistas extranjeros, y que en su desarrollo posterior va, en esencia, contra los campesinos y obreros, contra la posibilidad misma de una revolución agraria». Por su parte, Ibrahim Kaypakkaya, el fundador del Partido Comunista de Turquía (Marxista-Leninista) insistió, en su trabajoPuntos de vista sobre el kemalismo publicado en los años 70en la idea de que «la revolución kemalista es una revolución de la capa superior de la burguesía comerciante, de los grandes propietarios de tierras, de los usureros turcos y la mucho más débil burguesía industrial… que entra en cooperación con el imperialismo». También aseveró que la «dictadura kemalista es democrática en apariencia, en realidad es una dictadura militar fascista. La Turquía kemalista no podía evitar “lanzarse en los brazos” de los imperialistas alemanes y franceses, transformándose cada vez mas en una semicolonia, elemento integrante del mundo imperialista reaccionario».
                Entonces, ¿por qué la Rusia soviética selló una alianza con un Estado ultrarreaccionario, como el de Kemal, en 1921? En nuestra opinión, en este caso los motivos del aislamiento y «la lucha contra el imperialismo» no justifican en absoluto una posición que consideramos radicalmente errónea. Entendemos que con el acuerdo turco-soviético se buscaba debilitar, sobre todo, al imperialismo británico. Pero fue un error de una magnitud considerable no analizar a fondo a qué intereses servía el Gobierno de Kemal y, sobre todo, cuál era su papel con respecto al movimiento revolucionario de Turquía. A nuestro entender, este es un claro exponente de cómo se abandona la línea política de solidaridad internacionalista en pos de un -hasta cierto punto lógico, pero muy mal enfocado- acercamiento con un Gobierno reaccionario y formalmente «antiimperialista». Sabemos que el Estado soviético se veía impelido en ese momento a hacer frente a un dilema importante en la cuestión de la «doble política» (promover el enfrentamiento de los Partidos Comunistas contra las diferentes burguesías, al tiempo que se aprovechaban las rivalidades interimperialistas y se llegaban a acuerdos concretos con distintos Estados burgueses). En todo caso, insistimos en que la actitud respecto a la Turquía kemalista fue ideológica y políticamente errónea, pues se subordinó el internacionalismo proletario a la posición del Estado soviético y a un antiimperialismo mal planteado.
                En otro orden de cosas, el tercer Congreso de la Comintern había declarado que:
                «La tarea más importante de la Internacional Comunista es, actualmente, la de ganar la exclusividad de la influencia sobre la mayoría de la clase obrera y la de atraer su sector más activo a la lucha inmediata… Desde el mismo día de su fundación, la Internacional Comunista estableció clara e inequívocamente que su tarea no era la de crear pequeñas sectas comunistas que lucharan por influir en las masas obreras solamente a través de la agitación y la propaganda, sino la de participar directamente en la lucha bajo dirección comunista, y la de crear durante este proceso de lucha partidos comunistas de masas, extensos y revolucionarios».
                Tras comprobar que la Revolución en Europa no llegaba, la Internacional Comunista tuvo que reajustar sus actividades para ganarse, paciente y denodadamente, el apoyo de las grandes masas proletarias. Estamos de acuerdo con el historiador E. H. Carr cuando asegura que este reajuste era «la contrapartida natural del cambio de la política soviética nacional y extranjera, representado por la NEP y el tratado comercial anglo-soviético». Ahora bien, hay que tener en cuenta que este cambio de posición (propuesto urgentemente por Lenin, entre otros), según el cual se priorizaba ahora la unificación por encima de la escisión, era en el fondo la aplicación del principio leninista enunciado en el órgano Iskra«antes de unir, y para unir, debemos trazar primero una línea de separación de manera decisiva y definitiva». Este paradigma de constitución de destacamentos revolucionarios fue lógico -probablemente inevitable-, pero a la larga demostraría una insuficiente fortaleza de principios por parte de muchos destacamentos (que no se constituyeron, como ya dijimos previamente, en lucha constante contra el revisionismo) y, como consecuencia de ello, una incapacidad para ganarse a la vanguardia del proletariado para la Revolución socialista. En el marco de esta nueva política de búsqueda de la lealtad de las masas obreras, se produjeron la fundación de la Internacional Sindical Roja (constituida el 1 de mayo de 1921 por parte del Comité Central de la Comintern), la creación de la Internacional de Juventudes Comunistas o la constitución de la Internacional Comunista Femenina.
                Cuando se reunió el tercer Congreso de la Internacional Comunista, hubo delegados que señalaron  contradicciones entre los intereses inmediatos de la RSFSR y los de la Tercera Internacional. Así lo señalaron algunos delegados del KAPD:
                «No olvidamos ni por un momento las dificultades con que el poder político ruso ha tenido que enfrentarse a causa del aplazamiento de la revolución mundial. Pero también vemos el peligro de que de estas dificultades pueda surgir una contradicción aparente o real entre los intereses del proletariado revolucionario mundial y los intereses momentáneos de la Rusia soviética» (Protokoll des III. Kongresses der Kommunistischen Internationale [Hamburgo, 1921], p. 159).
                En realidad, el cambio de posición se hizo patente en diciembre de 1921, año en que el Comité Central de la Internacional Comunista defendió la constitución del «Frente Único Proletario» en 25 tesis. Dichas tesis interpretaban que había un acercamiento cada vez mayor de las masas obreras hacia los destacamentos comunistas. En este contexto, se exhortó a los Partidos Comunistas y a la Comintern en conjunto para que «apoyaran el lema de un frente único proletario y tomaran en sus manos la iniciativa de esa cuestión». La política del Frente Único Proletario (que, a nuestro entender, difería sustancialmente de la adoptada una década después por la Comintern en cuanto a los Frentes Populares, pues con estos últimos el proletariado subordinó su programa revolucionario al de la burguesía democrática), trataba de priorizar la unidad política de los comunistas para conseguir un mayor acercamiento a la clase obrera y poder arrebatarles a los oportunistas la hegemonía del movimiento obrero. Como expresó Radek:
                «No tenemos la menor confianza en los partidos de la Segunda Internacional y no podemos fingirla. Pero a pesar de esto decimos: «no se trata de que tengamos o no confianza los unos en los otros; los obreros piden una lucha en común y nosotros respondemos: comencémosla». (The Second and Third Internationals and the Vienna Union [s. f.], pp. 47-50, 53, 72).
                En lo relativo a la alianza temporal con los dirigentes oportunistas, Lenin entendía que había que mantenerlos «como la soga mantiene al ahorcado». Sin embargo, este frente formado por los Partidos Comunistas y las organizaciones herederas de la Segunda Internacional no pudo fructificar, y al final la Revolución europea se esfumó de manera definitiva. Como hemos expresado anteriormente, las exigencias del momento y el paradigma de construcción de los  Partidos Comunistas de la época provocaron que dichos partidos no se constituyeran en un sentido bolchevique y leninista, sino que fueran la expresión de una construcción en cierta medida artificial, inconsistente y con escasas garantías de éxito revolucionario (como quedó demostrado posteriormente).
                Aunque, como explicó Zinóviev:
                «En un principio -es decir, en 1921-22- la táctica de frente unido fue la expresión de nuestra toma de conciencia, primero, de que aún no hemos alcanzado una mayoría entre la clase obrera; segundo, de que la socialdemocracia es todavía muy fuerte; tercero, de que ocupamos posiciones defensivas y de que el enemigo está atacando…; cuarto, de que las batallas decisivas no son todavía inminentes. De esta forma llegamos al lema: «Hay que ganar a las masas», y a la táctica del frente unido» (Protokoll: Fünfer Kongress der Kommunistischen Internationale [s. f.], i, p. 77),
la táctica del frente único era, desde luego, la única posible en un momento en que los comunistas aún no habían conseguido ganar la hegemonía de la vanguardia práctica del proletariado, los comunistas de los diferentes Estados europeos trataban de fusionarse con las masas obreras, mimetizando el modo de constitución del Partido bolchevique, sin haber logrado la hegemonía marxista-leninista sobre la vanguardia ideológica. Aquí residía, a nuestro entender, el error de base que provocó que la táctica del frente unido no fuera el escalón necesario para llegar a la Revolución socialista.
                Por último, fue también Zinóviev el que, en febrero de 1922, dirigió un discurso a la junta ampliada del Comité Central de la Comintern, asegurando que:
                «Si el Ejército Rojo de la Rusia soviética hubiera tomado Varsovia en 1920, las tácticas actuales de la Internacional Comunista hubieran sido otras de las que son. Pero esto no ocurrió. La retirada estratégica fue seguida de una retirada política, para todo el movimiento obrero. El partido proletario ruso se vio obligado a hacer extensas concesiones a los campesinos y, en parte, también a la burguesía. Esto frenó el ritmo de la revolución proletaria, pero lo contrario también es cierto: el revés que sufrieron los proletarios de los países de Europa occidental entre 1919 y 1921 influyó en la política del primer Estado proletario y frenó el ritmo en Rusia. Por lo tanto, se trata de un proceso doble» (Die Taktik der Kommunistischen Internationale Gegen die Offensive des Kapitals[Hamburgo, 1922], p. 30).
                De forma acertada, supo ver las implicaciones mutuas entre la Revolución proletaria internacional y la consolidación del socialismo en la Rusia soviética. Lo cierto es que, como expusimos, el error determinante tuvo que ver con la incapacidad por parte de los comunistas europeos para aplicar una línea política correcta, de clara oposición al revisionismo y de contacto estrecho con los sectores más avanzados del proletariado. Sin embargo, sería irreal plantear que en esta política errónea no hubo ninguna influencia en la línea rectora de quien en ese periodo era el «Estado mayor de la Revolución internacional», la Rusia soviética.
4. Conclusiones: la Rusia soviética y la Revolución proletaria internacional en los años 20
«La patria socialista está en peligro.
¡Viva la patria socialista!
¡Viva la revolución socialista internacional!»
(Pravda, 22 de febrero de 1918).
                Mucho se ha escrito sobre el hito que representó la Revolución soviética no solo para el movimiento proletario revolucionario mundial, sino para la historia de la Humanidad. La gran Revolución socialista de Octubre inauguró el ciclo de transformaciones sociales, políticas y económicas más formidable que ha conocido la «Edad contemporánea» durante la vigencia del sistema de explotación capitalista. Uno de los grandes logros que consiguió la Rusia soviética fue el de demostrar que el socialismo era una realidad posible, incluso en medio de inconmensurables dificultades, presiones y ataques por parte de la burguesía internacional.
                El objetivo fundamental de este documento ha sido el de esbozar -profundizando todo lo que hemos podido en la medida de nuestras capacidades- el proceso de construcción del Estado soviético y el socialismo en Rusia con respecto a la cuestión internacional, tanto en lo relativo al imperialismo como al internacionalismo proletario y la política exterior soviética.
                Profundizando en la crítica a las posiciones de bolcheviques como Chicherin, creemos interesante volver a sacar a colación otra intervención del diplomático soviético. En este caso, se trata de comentarios en torno a acuerdos del Comité Ejecutivo Central de toda la Unión para su posterior ratificación:
                «A pesar de las grandes diferencias entre los regímenes de Rusia y Alemania, y de las tendencias fundamentales de ambos gobiernos, la coexistencia pacífica de los dos pueblos, que ha sido siempre el objetivo de nuestro «Estado de obreros y campesinos» es, por el momento, igualmente deseable para la clase rectora alemana… Precisamente en interés de las relaciones pacíficas con Alemania, hemos firmado estos acuerdos que se someten hoy al VTsIK para su ratificación» (Piati Soziv Vserossiiskogo Tsentralnogo Ispolnitelnogo Komiteta [1919]).
                Como podemos comprobar, el Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores volvía a insistir en la idea de la «coexistencia pacífica» de Alemania y Rusia. Nos encontramos, de nuevo, con una línea política de clara justificación de la conciliación entre los intereses del proletariado revolucionario y el imperialismo. Decir que el objetivo del Estado soviético es llegar a acuerdos con la Alemania imperialista (en lugar de decir que los acuerdos eran inevitables hasta el ascenso del movimiento revolucionario europeo, pero, incluso en un periodo de acuerdos inevitables y de aprovechamiento de rivalidades interimperialistas, el objetivo del poder revolucionario debía ser siempre la defensa del principio del enfrentamiento ineludible entre el capitalismo y el movimiento revolucionario), es como mínimo allanar el camino para posiciones defensistas y de clara claudicación frente al imperialismo en el seno de la vanguardia comunista.
                En una línea muy diferente, el 1 de agosto de 1918, el Consejo de Comisarios del Pueblo lanzó la siguiente proclama al mundo:
                «Forzados a luchar contra el capital aliado, que quiere añadir nuevas cadenas a las cadenas que nos ha impuesto el imperialismo alemán, nos volvemos hacia vosotros gritando:
                ¡Viva la solidaridad de los trabajadores del mundo entero!
                ¡Viva la solidaridad del proletariado francés, inglés, americano e italiano con el ruso!
                ¡Abajo los bandidos del imperialismo internacional!
                ¡Viva la revolución internacional!
                ¡Viva la paz entre las naciones!» (Kliuchnikov i Sabanin, Mezhdunarodnaya Politika, ii [1926], p. 161).
                Sabemos perfectamente que esta proclama fue lanzada en un momento en que el hundimiento alemán hizo ver muy cercana una Revolución internacional. Este optimismo lógico se plasmó en esta resolución del Comité Ejecutivo Central de toda la Unión: «Las profundas luchas internas entre los que toman parte en el latrocinio universal y las sacudidas cada vez más profundas de las masas engañadas y exhaustas, llevan al mundo capitalista a la era de la revolución social. Ahora, al igual que en octubre del pasado año y que durante las negociaciones de Brest-Litovsk, el gobierno soviético basa toda su política en las perspectivas de revolución social en ambos campos imperialistas…El VTsIK declara ante todo el mundo que, en esta lucha, la Rusia soviética ayudará, con todos sus recursos y todas sus fuerzas, al poder revolucionario de Alemania contra sus enemigos imperialistas. No dudamos de que el proletariado revolucionario de Francia, Inglaterra, América, Italia y Japón se encuentra en el mismo campo que la Rusia soviética y la Alemania revolucionaria» (Piati Soziv Vserossiiskogo Tsentralnogo Ispolnitelnogo Komiteta [1919], p. 252); o en esta otra declaración de Lenin: «¡El bolchevismo se ha convertido en la teoría y la táctica mundiales del proletariado internacional! Se debe al bolchevismo el que haya aparecido ante la faz del mundo una vigorosa revolución social, que haya disputas entre todas las gentes sobre si estar a favor o en contra de los bolcheviques. Al bolchevismo se debe el que esté a la orden del día el programa de la creación de un Estado proletario… Nunca hemos estado tan cerca de la revolución mundial. Nunca ha sido tan evidente que el proletariado ruso ha impuesto su voluntad, ni tan claro que millones y decenas de millones del mundo proletario nos han de seguir» (Obras completas, tomo 23º, p. 230), lo que no sucedería meses después de que la República soviética en Alemania fuera una posibilidad cada vez más lejana.
                Esa euforia lógica -previa al fracaso de la Revolución en Alemania- se vio confirmada oficialmente el 13 de noviembre de 1918, año en que el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia anuló formalmente el Tratado de Brest-Litovsk. Además de anularse dicho tratado, la Rusia soviética, haciendo gala de una atrevida y necesaria política internacionalista, aprovechó la situación para lanzar una llamada al proletariado de Alemania, Austria y Hungría:
                «Se reconocerá el pleno derecho a la autodeterminación a los trabajadores de todas las naciones. Se hará soportar todas las pérdidas a los verdaderos culpables de la guerra: las clases burguesas. Los soldados revolucionarios de Alemania y Austria, que están formando consejos de diputados de soldados en los territorios ocupados y tomando contacto con los consejos locales de campesinos y obreros, serán los colaboradores y aliados de los trabajadores en el cumplimiento de dichas tareas. Mediante una unión fraternal con los obreros y campesinos de Rusia, curarán las heridas infligidas a la población de los territorios ocupados por los generales austriacos y alemanes que defendían los intereses de la contrarrevolución… Las masas trabajadoras de Rusia, representadas por el gobierno soviético, ofrecen esta unión a los pueblos de Alemania y Austria-Hungría. Esperan que a esta poderosa unión de los pueblos liberados se unirán los pueblos de todos los demás países que no han sacudido todavía el yugo del imperialismo» (Sobranie Uzakoneni, 1917-1918, nº 95, art. 947).
                Como hemos comentado previamente, la «doble política» exterior soviética fue una posición justa -y, por encima de todo, inevitable- dadas las condiciones internacionales. Lo realmente evitable era lo que defendían dirigentes como Chicherin o Radek, quienes daban un  claro paso atrás, sobrepasando la justa política de maniobras en pos de aprovechar las rivalidades entre gánsters imperialistas para adentrarse en el terreno pantanoso de la «coexistencia pacífica» con el imperialismo, la supuesta conjunción de intereses entre los Estados burgueses y el socialismo o, por último, la pretendida «armonía» que podía reinar entre ambos sistemas: es decir, todo ello una completa degeneración del marxismo.
                En conclusión, tal y como sostuvimos en el primer epígrafe, en la cuestión internacional ya comenzaba a vislumbrarse una serie de posiciones que, si bien luego fueron parcialmente derrotadas con la definitiva construcción del socialismo en un solo país, ya apuntaban la posibilidad -¡y hasta la necesidad!-, no de llegar a acuerdos concretos e inevitables con el imperialismo, sino de vender al proletariado internacional la idea de que era posible construir el socialismo en perfecta armonía con el imperialismo rapaz y decadente. En el fondo, los diplomáticos claudicantes al estilo de Radek o Chicherin no solo defendían que el capitalismo pudiera desarrollarse por un lado y el socialismo por otro, sino que era posible y deseable frenar todos aquellos procesos revolucionarios que entorpecieran la política de componendas con el imperialismo. En este sentido, aunque la teoría kruschevista de la «coexistencia pacífica» se impuso definitivamente en la dirección soviética a mediados de los 50, el estudio y la investigación sobre el desarrollo del Estado soviético en los 20 proporcionan un basamento ideológico y político que, si bien se mantuvo parcialmente soterrado durante la época de Stalin, no fue en absoluto ajeno al Estado soviético capitaneado por el comunista georgiano.
                Es totalmente incierto decir que Stalin apoyó o fortaleció la «coexistencia pacífica» de Radek, Chicherin o, posteriormente, Kruschev, puesto que la única forma de coexistencia que el revolucionario georgiano defendió fue la puramente comercial y diplomática, siguiendo las posiciones esgrimidas por Lenin. Pero sería un análisis parcial y superficial si no analizáramos las limitaciones y errores de determinadas líneas y políticas implementadas por Stalin, quien -como ya dijimos en el primer epígrafe citando al Colectivo Fénix- pasó a defender una subordinación cada vez mayor de la lucha revolucionaria internacional con respecto a la supervivencia del Estado soviético. Un análisis especial merecería la línea de defensa de los Frentes Populares, una formulación considerablemente diferente a la del Frente Único Proletario defendida por la Internacional Comunista a principios de los 20. Se puede responder a esto que, a mediados de los 20 y principios de los 30, no podía haber más centro revolucionario que el Estado soviético, pero ello es confundir las cosas y no saber distinguir entre centralidad operativa o táctica y centralidad ideológico-política o estratégica, es decir, entre el hecho lógico de que el Estado mayor de la Revolución internacional fuera el único Estado socialista de la época, por un lado, y la posición errónea de hacer depender la marcha de la Revolución internacional a las posiciones, maniobras y alianzas del socialismo soviético, por otro lado.
                Recordemos, para terminar, que fue el mismísimo Lenin el que, incluso en un periodo de reflujo revolucionario, defendió con ahínco que la marcha de la República soviética debía girar en torno al desenvolvimiento de la lucha de clases internacional, y no a la inversa, como en la práctica sucedería después. En cualquier caso, entendemos que todo análisis correcto sobre esta cuestión debe profundizar en la relación entre la infraestructura socio-económica de la sociedad soviética, las condiciones internacionales de la lucha de clases y las pugnas entre líneas que se desarrollaron en las entrañas del movimiento comunista soviético y mundial. Creemos que solo así podemos explicar, de forma marxista-leninista, el origen material de desviaciones en la política internacionalista de la Unión Soviética en los momentos de iniciación y consolidación del poder revolucionario.
Revolución o Barbarie

                Le damos fondo amarillo a estas palabras,..porque es una respuesta,... ¡¡,...en positivo,...a unas consideraciones que yo les mandé a su Web; les decía principalmente que la lucha de clases tenía hoy en día un carácter global,..y no solo estatal,...que había que partir de la realidad del poder capiimperialista, con su sistema de relaciones sociales de producción,...global-planetario, con su poder mundial: OTAN-ONU,...y según la materialidad de los análisis se debía abordar una línea política revolucionaria y proletaria,...que era global en organización, planificación,...y había que elaborar una estrategia adecuada,...según dichas valoraciones,...ES DE DESTACAR QUE ESTAS IDEAS SE LES ESTÁ MANDANDO A MUCHAS ORGANIZACIONES EN EL PLANETA DESDE HACE AL MENOS DOCE AÑOS,...SE EMPEZÓ CON EL pcr de ee.uu., TAMBIÉN AL SEMINARIO DE MARX Y EL SIGLO XXI ( Cuba-Venezuela,...), A UN MUNDO QUE GANAR,...AL GCI, DE Bélgica,...Y A OTROS,...así como a algunos en este estado,...y a cierta militancia, población obrera,...En este blog,...aparece la cuestión, como fondo o premisa,...básica para abordar otros temas y asuntos políticos de la lucha de clases.

          Del artículo editado en revolución o barbarie,...también se sacarán conocimientos,...uno de ellos es como Rusia, en 1.920 hace política de alianza con países donde están en el poder clases explotadoras, terratenientes,.., Irán en este caso,...por lo que se podría deducir del incipiente papel "socialimperialista", o creador de polo político para contraponerse a  otros bloques imperialistas de ese momento,...¡¡. Hasta cuando, hasta qué fecha, se podría decir así,...Rusia fue revolucionaria,...o estaba en poder socialista ...o era una política marxista proletaria.

  EL-LA INTERNET,...ESTÁ QUE ARDE, ESTÁ EN EBULLICIÓN SOBRE UNA GRAN PROBLEMÁTICA POLÍTICA: 

es.wikipedia.org/wiki/Lenin
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1 Sus primeros años; 2 Su actividad política antes de la Revolución rusa; 3 Lenin y..... Alemana, y para ayudar a otros gobiernos comunistas en Europa Occidental. ...Lenin seguía esperando que una revolución en algún otro país permitiese ...
es.wikipedia.org/.../Historia_de_la_Rusia_Soviética_y_la_URSS_(1917-...
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Ir a La muerte de Lenin y el fin de la NEP - durante el enfrentamiento con Zinóviev, Leningrado, ca. ... Lenin murió en enero de 1924 y en mayo su testamento fue ... en unpaísRusia, sin una revolución en todo el mundo. Como las perspectivas de unarevolución en Europa, especialmente Alemania, se convirtió ...
accioncomunista.jimdo.com/grandes-comunistas/lenin/
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Vladimir Ilych Ulianov "Lenin" (1870-1924) fue un revolucionario ruso, lider ...Durante esta época Lenin viaja por Europa, pero sus actividades ... Una vez elegido premier y ante el peligro de la invasión Alemana que llevaba en guerra con Rusia ...algunos países de Europa también harían una revolución debido al estado ...
www.nodo50.org/mai/Documentos/Fenix/TroskyyLenin/Trosky7.htm
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Sin embargo, durante la Primera Guerra Mundial, Lenin penetró aún más en ... “Rusiaes un país campesino, uno de los países europeos más atrasados. ... alemán es el aliado más fiel y más seguro de la revolución proletaria rusa y mundial .
es.answers.yahoo.com › ... › Arte y humanidades › Historia
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10/09/2009 - La revolución rusa demostró al mundo entero que un cambio era posible.... en segundo lugar, para que esta revolución no se propage por el resto de Europa...El gobierno alemán llevó a Lenin hasta Rusia en secreto. ... salariales no porque tengan ganas de joder a sus países deteniendo la producción.
6.    [PDF]
www.iesdionisioaguado.org/joomla/Distancia/HMC/Tema8.pdf
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mayoría de los estados de Europa , de ahí que en las zonas rurales predominaban todavía las formas rurales antiguas de ... condiciones para una revolución proletaria - aquí militaba Lenín.... Europa, de Finlandia a Grecia y de Alemania a Rusia...Aparecen los partidos comunistas en muchos países europeos por.
html.rincondelvago.com/revolucion-rusa_19.html
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Revolución Rusa. Historia del mundo contemporáneo. Zarismo. Lenin... el mayor desarrollo económico en cientos de años, cambiando la radiografía del país... ruso-polaca, creyó que la hora de la revolución en Europa había llegado. ... ante Varsovia en agosto de 1920 y el reflujo revolucionario en Alemania y Hungría.
8.    [PDF]
www.oupe.es/es/Secundaria/.../CCSS_4ESO_MUR_interiores.pdf
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Revolución rusa. Triunfo del marxismo. Imperios alemán y austro-húngaro ... EnEuropadurante la Paz Armada, los países rivalizaron por el control de zonas .... deLenin, crearon un gobierno paralelo a través de los soviets obreros de las.
www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/sutton.../WallStreet_03.html
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LENIN Y LA ASISTENCIA ALEMANA EN LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE ... El viaje de Lenin a Rusia fue parte de un plan aprobado por el Comando ... de que los bolcheviques pudiesen volverse contra Alemania y Europa fue algo que no ...
10.                Revolución rusa o soviética - Profesor en línea
www.profesorenlinea.cl/universalhistoria/RevolucRusa.htm
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La agricultura emplea aproximadamente el 61% de la fuerza laboral del país... En laRusia europea —ya que no había datos fiables de Siberia y la parte ..... Los alemanes —que estaban en guerra con los rusos— pensaban que Lenin se ...
Anuncio relacionado con LENIN ANTE LA ...
www.ask.com/Revolucion+De+Lenin
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        Casi todos los grupos, artículos,...plantean algo sobre la no posible,...¡¡revolución en otros países europeos durante o en época de la revolución soviética,...por algo será,... YO Y MUCHOS, O MUCHOS Y YO,...QUEREMOS ANÁLISIS CORRECTO, VALORACIÓN LO MÁS MARXISTA POSIBLE,...POR MUCHOS MOTIVOS,...POR MUCHAS CUESTIONES DE TÁCTICA, DE LÍNEA POLÍTICA,  DE ESTRATEGIA,...NO ES SOLO  POR POLEMIZAR Y POR VER QUIENES SON MÁS ERUDITOS O MARXISTAS-LENINISTAS O MAOISTAS M-L,...YA ESTÁ BIEN,...SEÑORES CAMARADAS,...


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